Historia de un naúfrago.

Quizás nadie lea nunca estas palabras, puede que el mar las borre como huellas en la arena. Aun así, escribo porque quiero creer que alguien las encontrará algún día, y estas páginas no caerán en la noche del olvido.

Mi nombre no importa, como tampoco importa mi persona. Solo importan estas palabras y la historia que guardan, una perla en las profundidades del mar, un oasis de agua cristalina en el infinito desierto. Yo era un viajero, un buscador que no sabe qué busca, solo busca encontrar. Mi afan de lo nuevo, de llegar al horizonte, me arrebató aquello que tuve y no sabía que tenía. Surqué las aguas del mar, recorrí las ciudades mas lejanas pobladas de extrañas gentes, atravesé los glaciares de cristal congelado en la eternidad, navegué las dunas bajo el susurro del desierto. Vi mas de lo que ningún hombre vió, viajé hasta los confines del vasto mundo. Por mas que viajaba no se saciaba mi alma. Algo buscaba, algo quería, algo anhelaba.

La brújula giraba a la deriva, el rumbo cambiaba con las nubes. En un laberinto de emociones, de confusíon, corría como si no hubiera mañana. Atrás dejaba mi vida mientras la buscaba, se escapaba el tiempo entre mis dedos. Ahora sé que la distancia al buscar es infinita, que no se puede llegar avanzando al horizonte; con cada paso que das, te alejas de él. Correr es inutil, pues ya estás en el horizonte, no hay nada que buscar.    

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