Encrucijada de palabras

Lo que no se dice se desliza en el silencio y traspasa el alma, silencioso fantasma que aunque no se pueda ver todos saben que está ahí. Nace en una encrucijada de palabras, un caudal de frases taciturnas y engañosas. La verdad nunca se muestra a plena luz, pues es demasiado sutil para la rudeza de la mirada de la multitud. Unos ojos solitarios son acogidos por el secreto escondido en el silencio, aunque acabe mas tarde renegando y queriendo arrancarse los ojos, pues la imagen queda incrustada en la retina del alma, imborrable. Ninguna mentira puede acabar con ella, ni siquiera la oscuridad permite que se desvanezca.

Es este el asesino de ilusiones, de esperanzas, de la confianza en el destino. Cuando contrapones la imagen que tenías, llena de ingenua esperanza; y aquella que resulta ser verdadera, una solemne y desinteresada confirmación de lo que no quieres ver; entonces las mentiras, los silencios cargados, las palabras huecas, todo acaba por eclipsar la luz de la inocencia. Son estos silencios los que arrasan los corazones de los hombres, los que aniquilan su fe mostrándoles el cadaver de dios, los que borran la huella de los sueños como una furiosa tempestad. Es un viento frío, que corta como una lluvia de cuchillos. Y a este huracán se le llama vida, al menos como parte necesaria de ella.
Pues en el bramido de una encrucijada de palabras vacías, no hay que temer a lo que digan, sino a su silencio.

Cuaderno de viaje XV

En la oscuridad había perdido de nuevo mi rumbo. Fuertes corrientes azotaban mi rostro, incrustando cristales de hielo en mi piel. De nuevo estaba en el camino, solo y herido. El caminar pesaba, cargando a mis espaldas lo correcto, el deber, la moral. Me derrumbé, y entre relámpagos de dolor comprendí. El lastre me anclaba al pasado, al gris infinito de las instantáneas de otro tiempo. Aquello estaba muerto, momificado. De nada servía arrastrarlo esperando que reviviese.

Tiré mi equipaje por una escarpada colina, que desapareció en el hielo. Ahora, sin lastre ni peso que impida el vuelo de mi alma, no tendré que seguir el sendero. Yo hago el sendero, decido mi destino sin el sino de los muertos. Una estrella muerta es un ojo ciego en el firmamento, que nunca podrá guiar en el camino. Sin embargo la luz abrasadora del latir de un corazón ilumina cualquier sombra si se es fiel. Se camina por fuera, mas el rumbo lo define el palpitar del corazón.

Cuaderno de viaje XIV

En la penumbra anduve varios días, hundido el lucero en el lejano horizonte. Mi mente dudaba si había sido un espejismo, ya que nada quedaba del amanecer. Topé con una piedra angulosa, que resultó ser una lápida. Cual fue mi sorpresa al leer lo que en ella estaba escrito: ''Aqui yace una flor que un día amó a la luna.''

En las verdes praderas, germinó un día una flor de azafrán en medio de un rosal. Era pequeña y frágil, y contemplaba a las rosas, sus majestuosos pétalos y la manera despreocupada en la que los mostraban. Se sentía ínfima junto a sus compañeras, y decidió no abrir sus pétalos. Las rosas le dijeron que se abriera, que se mostrara a la suave caricia del sol. Se negó, y pasaron los meses. Poco a poco el verdor de los campos fue palideciendo, y las rosas fueron consumiéndose a su alrededor. Llegó el invierno, que cubrió las tierras con su manto blanco. La flor se sintió sola, y lloró envuelta en la fría nieve. Una noche, asomó la Luna en el cielo y le dedicó una sonrisa a la flor. ''¿Qué te pasa, por qué estas sola?'', le preguntó. ''Mis amigas las rosas eran mas hermosas de lo que nunca seré'',contestó el azafrán,''y no quise florecer''. ''Eres sin duda la flor más hermosa'', le contestó la Luna, acariciándola con sus rayos de plata,''No hay ninguna como tú, y por eso eres especial''. El azafrán, sintiéndose hermoso y único, se propuso florecer, porque amaba a la luna. La escarcha mordió con fuerza sus pétalos, pero no hizo caso.''Yo te amo'', dijo el azafrán, abriendole a la Luna sus pétalos y su corazón, ''por tí floreceré aunque poco dure sobre el yermo páramo''. La Luna le sonrió, y el azafrán mostró sus pétalos a la Luna. El día amaneció, y el azafrán aguardó a la llegada de la noche para ver a su amada. Llegó la noche, y la Luna no apareció. El azafrán aguardó paciente un día, dos días. Pasó una semana y la Luna no aparecía. El azafrán comprendió que la Luna era traicionera, y que tal vez nunca le había amado. Con este pensamiento, el azafrán cedió ante el frío, y se hundió en la nieve.

Aquello arrancó lágrimas de mis ojos, pues cuantas veces se ha repetido esta misma historia. Y cuantas veces más sucederá, cuantas flores mas tendrán que marchitar por los engaños de la Luna.

Cuaderno de viaje XIII

Sin esperar, de pronto encontré un maravilloso jardín ante mí. El verdor de sus colinas de esmeralda, aquellas blancas flores de primavera cuyo aroma llegaba hasta mí en la brisa del amanecer, aquel robusto manzano que proyectaba una reconfortante sombra y resplandecía con su dulce fruto. Quedé deslumbrado. Pensé que quizás había vuelto a mi jardín, pero sabía que no era el mismo. Era aún más hermoso. Avancé y pude ver que el sendero que llevaba hasta él estaba cubierto de penumbra. Las sombras de la duda reinaban en la frontera del paraiso.

Sin embargo, esta vez era diferente. Yo no era el mismo,  ya había derrotado al miedo a lo desconocido antes. Me aventuré en las sombras, creí que no hallaría la entrada al jardín. Perdido en el laberinto, y sin embargo dispuesto a llegar hasta el final. Pronto estuve bajo la sombra del manzano, probando el suave e intenso nectar. Aquella manzana permanecerá siempre en mi recuerdo, el fruto de mi esfuerzo. La recompensa por el valor, y un regalo del Karma. Los colores se cobijaron de nuevo en mi mirada, y el mundo dejó de ser en blanco y negro. La noche cayó, y de nuevo entre sombras me encontré. Esta vez no me doblegaría ante la duda, llegaría hasta el final.

Cuaderno de viaje XII

Caminando por el sendero grís, hallé un precipicio. Negra sima que abría sus fauces bajo mis pies, oscuro castigo. Un frágil puente colgaba sobre el vacío, inseguro. ¿Que debía hacer, arriesgar mi vida o conformarme? Dificil decisión, una vez en marcha no habría vuelta atrás. Olvidé el miedo que intentaba dominarme. Olvidé las consecuencias, y ví qué debía hacer. Puse mis pies sobre las tablas, y crucé con calma. Amenazó con quebrarse, pero seguí con mi caminar.

Pronto me hallé en el otro lado. La luz recobró a mis ojos, y tranquila quedó mi conciencia. Sereno, en el camino me encontré de nuevo. Algo había cambiado por dentro, y aunque tuve que pagar un precio por cruzar no me arrepiento. Quien desafía sus principios es su propio enemigo. El camino se había hecho llevadero, y por primera vez pude ver el amanecer sobre el horizonte

Rosa

Uno de mis antiguos dibujos.

Medio vacío o casi vacío

"Nada acaba como uno desea; siempre, por muy brillante que sea lo que tengas siempre lo perderás. Al final, solo vacío y polvo quedan. Todo el sufrimiento y esfuerzo se vuelca en un vaso vacío y se derrama en el suelo. Se derraman los veranos, las fragantes primaveras, el tiempo que hay de vida. Solo el final acaba con este laberinto en el que creemos poder encontrar la salida. Eso es mentira. Nadie jamás ha escapado del drama de la vida sino con la muerte.

Ya habréis visto que no soy un optimista, ni un soñador, ni un idealista. Pero el que ahora veis hundido y derrotado fue algún día un creyente de la justicia, un fanático del bien, un verdadero idealista.La vida tiene ese efecto en la gente. El velo de la inocencia cae para desvelar los horrores del mundo en el que vivimos. Lo vemos a diario en los periódicos, en los telediarios, pero creemos que es solo una mala película de serie B que no es real. Hasta que te conviertes en protagonista. Entonces es cuando comprendes que estás solo, que nadie te toma en serio. Que tú mismo eres culpable de tu desgracia, que si no hubieras obviado cada telediario, si nadie lo obviase, no estarías solo. Ves que esos apoyos, esas reformas que dicen que llevan a cabo son meras mentiras que nos creemos, hasta que te chocas contra el muro.

Yo era un idealista, mi idealismo ha sido lo que ha guiado mis pasos y me ha condenado. He pasado años en lugares perdidos de la mano de dios, en innumerables campos de batalla luchando por los ideales de mi patria. He matado gente, gente inocente que luchaba por ideales. No puedo olvidar el velo que cubría sus ojos. Solo tras encontrar el fondo de una botella de Jack Daniels puedo dormir en paz. Y, sin embargo, ahora me doy cuenta de lo evidente, cuando mi propia patria me traiciona. No puedo ser un idealista tras lo que he vivido; no puedo obviar mi vida. Han hecho faltas muchas muertes, he perdido la luz de mi vida. Ha tenido que morir la madre de mis hijos para que comprenda. Un atentado terrorista, dijeron. Investigué, y descubrí la amarga verdad. Aquellos a los que llamaba aliados habían asesinado a mi familia por encubrir una operación. No puedo ser idealista despues de todo.

Solo queda atacar a aquellos que me arrebataron mi vida, hacerles pagar con sangre lo que me hicieron. Sufrirán mi venganza."


Extracto del diario de John G. Jones. Encontrado en su habitación, en el 13 de Sunset Street. El sujeto fue un marine al servicio de los Estados Unidos de América, retirado tras años de servicio. Fue galardonado por sus actos heroícos en Djefer con un corazón púrpura. Su esposa, Joseline Jones y su hijo, Thomas Jones, fallecieron el año pasado.

Contenido clasificado

No mires atrás

om subió las escaleras. Era una noche lluviosa, el viento aullaba en la oscuridad. Pudo ver algo por el rabillo del ojo, una escurridiza sombra. Miró el rellano, iluminado por el destello de un relámpago. Allí no había nada, salvo la soledad de la casa. Sin embargo, podía sentir un frío en su espalda, un escalofrío incrustado en su columna vertebral. Entró en su habitación y cerró la puerta.



Aquella casa había pertenecido a unos amigos de sus padres, los Burnside. Una apacible casa en un pueblo del norte de la región, con altos pinos y extensos bosques. Sin embargo, la mujer del señor Burnside enfermó y tuvieron que mudarse. Nadie supo qué fue lo que la enfermó, pero a pesar de los esfuerzos de los médicos por curarla murió al año siguiente. En sus delirios, había hablado de una niña, y susurrando decía que no mirase atrás. Nadie jamás lo entendió. Él creia que solo eran locuras de un moribundo, al igual que los demás. Pero aquella noche había sentido algo. No le dió mucha importancia, tal vez había alguna filtración de aire pues era una caa vieja.



Se tumbó en su cama, encendió la lampara y cogió un libro. Su mente se distrajo, entre página y página, olvidando lo que pasó en la escalera.


De pronto, un ruido distante rompió la quietud de la noche. Era un goteo, el sonido del agua cayendo ritmicamente sobre el fregadero. Tom dejó el libro y salió al lóbrego pasillo. Estaba desierto, y solo se escuchaba el eco del agua goteando. Le recordó a un latido, un latido de depredador. Le dió al interruptor de la luz y se iluminó el pasillo. Guiado por su oido, bajó hasta el baño del piso inferior, comprobando los grifos. Cerró la llave y cesó el ruido. Tom suspiró, aliviado. Se volvió hacia la escalera y se quedó helado. De nuevo, había visto algo moverse a sus espaldas. Esta vez, se parecía a una silueta humana, bastante pequeña. La sombra de una niña.



Se frotó los ojos, y pensó que era una alucinación por no dormir. Volvió a la escalera, y al final estaba una carpeta. Era un documento de un caso policial. Su padre era detective de aquel pequeño pueblo, y archivaba sus casos en casa. Tom lo cogió y miró en su interior. Había una fotocopia de una carta y un parte policial.



"El pasado me persigue, fiel a mi sombra. Puedo verlo en las frías aceras, en los pasillos de la universidad, en los ojos de la gente común que desaparece en la multitud. No paro de preguntarme cómo puede ser tan insistente el recuerdo, reflejos atrapados en el espejo de la memoria. Hoy he visto de nuevo su pelo negro, ondeando en la lejanía. ¿Qué son todos estos espejismos? Aquello fue algo insignificante, y sin embargo acecha tras cada esquina, en cada rincón de mi mente. Algo tan efímero, apenas unos segundos, no llego a entender cómo puede haber marcado mi vida. Lo único que sé es que me persigue, me espera en el umbral de la puerta con su mirada acusadora. No entiendo por qué, no entiendo cómo, pero ahí está. Una presencia en mi espalda. Una sombra en la oscuridad.


No puedo escapar. Me he mudado de casa una docena de veces desde aquello, cada vez más lejos. Y me estaba esperando en cada lugar. Sé que es paciente, y me perseguirá hasta el fin del mundo o hasta el fin de mis días. Ella nunca descansa. Nunca duerme. Siempre ahí, destrozando el color del amanecer. Cegando la luz del día. No lo aguanto más. Tal vez esto sea mi carta de despedida. Ella me espera. Me ha condenado, y nada me salvará sino es el vacío del fin. Hasta donde marca un día de trabajo cualquiera. Cómo oprime un error. Cómo pesa una muerte sobre la conciencia.



Doctor James P. Murphy"






Carta encontrada en el Nº 12 de Marcus Avenue. El sujeto James Phillip Murphy ha sido encontrado colgado de un cinturón, enganchado a una viga del techo. La nota se encontró sobre su cama. Al parecer, hubo un caso de mala praxis con una paciente que sufría cardiopatías graves. La paciente era Mary Anne Burnside, fue ingresada hace tres años. Aunque se trata claramente de un suicidio como indican los forenses, se ha encontrado un rastro de huellas de pies descalzos que entra por el patio trasero y se desvanece en frente de la puerta de la habitación del señor James Murphy. También se menciona de un olor a perfume de mujer en la habitación en los testimonios de los policias que hallaron el cuerpo. A pesar de ello, el caso queda cerrado.



Detective John G. Jones




Tom se quedó helado. Aquel era el caso de sus antiguos inquilinos. Lo que más le chocaba era que la señora Burnside no tenía el pelo negro, era rubia. En su mente empezaron a establecerse relaciones, y subitamente recordó. La silueta llevaba pelo negro. Subió corriendo a su cuarto, entró y cerró la puerta apresuradamente. Se apoyó contra ella, como intentando evitar que algo entrase. Unos pasos rompieron el silencio. Eran pies descalzos, pisadas sordas sobre el suelo de madera. Estaba en el rellano. Para su horror, pudo oir como subían por las escaleras. Un escalón. Otro. Otro más. Tom cerró los ojos con fuerza, deseando despertar. Otro escalón, quedaban siete.



Tom recorrió con sus ojos la habitación, buscando una salida.


Seis.


La ventana estaba muy alta, si intentaba saltar se rompería algo. Miró el armario, la cama y su escritorio, iluminado por la lamparilla.


Cinco.


Su corazón latía muy deprisa, su respiración acelerada era ensordecedora. No podía pensarcon claridad. Solo escuchaba los pasos.


Cuatro.


Sabía que faltaba poco, apenas unos metros y estaría en su puerta.


Tres.


Tom empezó a rezar. No creía en dios, pero tal vez existía.


Dos.


Cerró sus ojos y aguardó el final.


Uno.


Los pasos se acercaron a su puerta, lentamente. Allí estaba. Tom pensó que si debía morir, tal vez era mejor enfrentarse. El latido de su corazón retumbaba en sus oidos. Tomó aire y abrió la puerta.


No había nadie.



Tom suspiró de alivio. Rió ante su miedo, de lo asustado que había estado. Casi se había cagado en los pantalones. No pasaba nada. Un frío golpeó su espalda, y hasta él llegó un perfume de mujer. Tom quedó paralizado. Estaba detrás suya. Su aliento se clavó en su nuca. Se giró lentamente. Vió el armario, el escritorio apareció en su campo de visión. Recordó ( No mires atrás), pero era demasiado tarde. Una chica de pelo negro estaba ante él. Era demasiado tarde.

_____________________________

Los padres de Tom llegaron a su casa. Subieron a su habitación al ver que no obtenían respuesta. La señora Jones gritó. Tom estaba tumbado en el suelo, su rostro descompuesto por el horror. Sin embargo, no llegó a verle. Había gritado porque había visto una sombra por el rabillo del ojo.

La verdad sobre Mr Gunner

I.
No se puede conocer a otra persona si no has pasado por lo mismo que ella. Lo que queda en la superficie es visible para todo aquel que no sea ciego, pero no es la verdad. Alguien dijo alguna vez que un hombre es él y sus circunstancias. Tenía razón. Por ello, para conocer a Mr.Gunner y comprender los motivos que llevan a un hombre común a aterrorizar a la policía de Nueva York y acabar con tres personas, hay que volver la vista atrás, y observar su pasado.
II.
Diario de J. Gunner
10 de octubre de 1929
Hoy las cosas han ido peor que nunca. Los clientes van desapareciendo, y con ellos los ingresos que nos dan de comer a los empleados. En el banco reina una aparente calma, una quietud cristalina en la superficie. Y digo la superficie porque, si alguien se molestase en comprobar los baños descubriría que las ojeras rodean los ojos de aquellos con un contrato temporal. Podría oir llantos cada vez que alguien se desmorona, consciente del futuro que nos aguarda. Al menos tengo a Claire. Ella me apoya en la miseria, es un rayo de esperanza.
[...]
16 de octubre de 1929
Esta tarde han echado a Linda, la secretaria. Ha sido un espectáculo deplorable, ha sido dificil contener las lágrimas. Se ha arrodillado, ha suplicado, ha llorado hasta más no poder. Lo comprendo. Debe de ser muy duro que te echen a la calle en tiempos como estos, en los que los mendigos invaden las calles. Ultimamente, todos somos en mayor o menor medida mendigos. Según pude escuchar al pasar frente al despacho del gerente, tienen que hacer recorte de plantilla para llegar a fin de mes. Con suerte Claire y yo llegaremos a fin de mes, si no me echan.
[...]
III.
20 de octubre de 1929

Me han echado. No han tenido piedad conmigo. Me han llamado al despacho y me han expuesto la situación. Como si no pudiese verla. Joder. ¿Es que creen que soy ciego? Todos los días me cruzo con vagabundos en el metro, les veo deambular como almas en pena. Pero tu no los ves, ¿verdad señor Mercedes-y-chalet-en-miami? Claro que no. Tu vienes todos los días con ese traje de mil dolares, en tu coche exclusivo que conservas. No tienes que hacer sacrificios. No has tenido que empeñar las joyas de tu familia para poder comer, ni has pasado hambre. No sabes lo que es. Me he vuelto a casa, abrumado. No sabía que iba a decirle a Claire. Ella confiaba en mí. 
No ha hecho falta. Cuando he llegado a casa he visto que las luces estaban encendidas. Claire se las habrá dejado encendidas, pensé. Abrí la puerta de la habitación y la encontré allí, a horcajadas sobre otro hombre. Si, señor. Las cosas no pueden ir peor. Cuando le recriminé qué hacia me echó a la calle, acompañado por aquel extraño con el que me pelee. ¿Que tenía que perder? Al final, estoy solo, con veinte pavos en la cartera, con la nariz rota,  y sin trabajo. Y este cuaderno como unico testigo.
[...]
22 de octubre de 1929
Llevo  todo el día sin comer. Por su culpa. Si no fuese por el señor Mercedes-y-chalet-en-miami, seguiría con trabajo. Si no fuese por Claire, seguiría teniendo casa. Son los responsables de mi desgracia. Podría pegarme un tiro,pero serviría para poco. Será mejor que en este mundo injusto comience a impartir justicia. Ya es hora que cada uno tenga lo que se merezca.
[...]
23 de octubre de 1929
Hoy he entrado en el banco. El conserje me ha dejado pasar, pues le he dicho que me había dejado algo importante. Cuando he visto que dudaba, le he amenazado con reportarlo a dirección y me ha dejado. Que asco me dan. He revertido las cuentas y las acciones de miles de clientes a una cuenta fantasma en California. Esto sera suficiente por ahora. Tambien me he tomado la libertad de endeudar a Claire, asi que perderá su hogar. Tendrá lo que merece.Quien me diría que yo sería la mano izquierda de dios.
[...]
24 de octubre de 1929
Ha estallado el caos, como una bomba de relojería. El señor Mercedes-y-chalet-en-miami ha caido desde la ventana de su apartamento esta mañana. Muchos mas se han tirado, lo que parecía un lamentable intento volar de unos desesperados. No he podido evitar sonreir al pensar que han preferido morir a vivir como nosotros, la plebe. Que idiotas. Se creen superiores, a lo mejor también creyeron que tenían alas.
[...]
26 de octubre de 1929
He encontrado a Claire. Estaba en una esquina, con una minifalda y un top. Que puta ha sido siempre. No me ha reconocido, pero yo a ella si. Tambien al extraño que encontré en la cama con ella. Ahora es su chulo. Que bien sienta cuando todos pagan por sus pecados. La policía me busca, pues le dejé un mensaje de despedida al señor Mercedes-y-chalet-en-miami. Piensan que es una venganza de uno de sus empleados. No me cogerán. Yo ya no estoy en aquellas listas. Me encargué de borrarme. Tal vez si acuden a Claire puede que aten cabos, asi que debo eliminar las pruebas.
[...]
IV.

27 de octubre de 1929

He acabado con ellos. No ha sido facil con el tipo, era bastante fuerte. Por suerte no puede esquivar las balas. Que buena inversión, el revolver. Claire decía que nunca lo tendría que usar. Que ironía que haya tenido que estrenarlo con ella. Al fin todo es como debería ser. Me iré a california, donde me esperan muchos millones y una nueva vida. Ha estado bien poner las cosas en su sitio. Ahora me toca desaparecer. Asi que no me busquen. No me van a encontrar, inspectores. El revolver no tiene huella alguna, y verán que no existe nadie llamado Joseph Gunner. Es una lastima. Deberían agradecerme que haya hecho su trabajo.
Atentamente,
Joseph Gunner
Prueba policial 31b del caso 299345.D del distrito H de Nueva York. Caso cerrado. No hay ningun civil con el nombre de Joseph Gunner y no se han encontrado huellas.
Detective John G. Jones

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