En la oscuridad había perdido de nuevo mi rumbo. Fuertes corrientes azotaban mi rostro, incrustando cristales de hielo en mi piel. De nuevo estaba en el camino, solo y herido. El caminar pesaba, cargando a mis espaldas lo correcto, el deber, la moral. Me derrumbé, y entre relámpagos de dolor comprendí. El lastre me anclaba al pasado, al gris infinito de las instantáneas de otro tiempo. Aquello estaba muerto, momificado. De nada servía arrastrarlo esperando que reviviese.
Tiré mi equipaje por una escarpada colina, que desapareció en el hielo. Ahora, sin lastre ni peso que impida el vuelo de mi alma, no tendré que seguir el sendero. Yo hago el sendero, decido mi destino sin el sino de los muertos. Una estrella muerta es un ojo ciego en el firmamento, que nunca podrá guiar en el camino. Sin embargo la luz abrasadora del latir de un corazón ilumina cualquier sombra si se es fiel. Se camina por fuera, mas el rumbo lo define el palpitar del corazón.
Cuaderno de viaje XV
Publicado por
Juanma MC
lunes, 24 de mayo de 2010
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