om subió las escaleras. Era una noche lluviosa, el viento aullaba en la oscuridad. Pudo ver algo por el rabillo del ojo, una escurridiza sombra. Miró el rellano, iluminado por el destello de un relámpago. Allí no había nada, salvo la soledad de la casa. Sin embargo, podía sentir un frío en su espalda, un escalofrío incrustado en su columna vertebral. Entró en su habitación y cerró la puerta.
Aquella casa había pertenecido a unos amigos de sus padres, los Burnside. Una apacible casa en un pueblo del norte de la región, con altos pinos y extensos bosques. Sin embargo, la mujer del señor Burnside enfermó y tuvieron que mudarse. Nadie supo qué fue lo que la enfermó, pero a pesar de los esfuerzos de los médicos por curarla murió al año siguiente. En sus delirios, había hablado de una niña, y susurrando decía que no mirase atrás. Nadie jamás lo entendió. Él creia que solo eran locuras de un moribundo, al igual que los demás. Pero aquella noche había sentido algo. No le dió mucha importancia, tal vez había alguna filtración de aire pues era una caa vieja.
Se tumbó en su cama, encendió la lampara y cogió un libro. Su mente se distrajo, entre página y página, olvidando lo que pasó en la escalera.
De pronto, un ruido distante rompió la quietud de la noche. Era un goteo, el sonido del agua cayendo ritmicamente sobre el fregadero. Tom dejó el libro y salió al lóbrego pasillo. Estaba desierto, y solo se escuchaba el eco del agua goteando. Le recordó a un latido, un latido de depredador. Le dió al interruptor de la luz y se iluminó el pasillo. Guiado por su oido, bajó hasta el baño del piso inferior, comprobando los grifos. Cerró la llave y cesó el ruido. Tom suspiró, aliviado. Se volvió hacia la escalera y se quedó helado. De nuevo, había visto algo moverse a sus espaldas. Esta vez, se parecía a una silueta humana, bastante pequeña. La sombra de una niña.
Se frotó los ojos, y pensó que era una alucinación por no dormir. Volvió a la escalera, y al final estaba una carpeta. Era un documento de un caso policial. Su padre era detective de aquel pequeño pueblo, y archivaba sus casos en casa. Tom lo cogió y miró en su interior. Había una fotocopia de una carta y un parte policial.
"El pasado me persigue, fiel a mi sombra. Puedo verlo en las frías aceras, en los pasillos de la universidad, en los ojos de la gente común que desaparece en la multitud. No paro de preguntarme cómo puede ser tan insistente el recuerdo, reflejos atrapados en el espejo de la memoria. Hoy he visto de nuevo su pelo negro, ondeando en la lejanía. ¿Qué son todos estos espejismos? Aquello fue algo insignificante, y sin embargo acecha tras cada esquina, en cada rincón de mi mente. Algo tan efímero, apenas unos segundos, no llego a entender cómo puede haber marcado mi vida. Lo único que sé es que me persigue, me espera en el umbral de la puerta con su mirada acusadora. No entiendo por qué, no entiendo cómo, pero ahí está. Una presencia en mi espalda. Una sombra en la oscuridad.
No puedo escapar. Me he mudado de casa una docena de veces desde aquello, cada vez más lejos. Y me estaba esperando en cada lugar. Sé que es paciente, y me perseguirá hasta el fin del mundo o hasta el fin de mis días. Ella nunca descansa. Nunca duerme. Siempre ahí, destrozando el color del amanecer. Cegando la luz del día. No lo aguanto más. Tal vez esto sea mi carta de despedida. Ella me espera. Me ha condenado, y nada me salvará sino es el vacío del fin. Hasta donde marca un día de trabajo cualquiera. Cómo oprime un error. Cómo pesa una muerte sobre la conciencia.
Doctor James P. Murphy"
Carta encontrada en el Nº 12 de Marcus Avenue. El sujeto James Phillip Murphy ha sido encontrado colgado de un cinturón, enganchado a una viga del techo. La nota se encontró sobre su cama. Al parecer, hubo un caso de mala praxis con una paciente que sufría cardiopatías graves. La paciente era Mary Anne Burnside, fue ingresada hace tres años. Aunque se trata claramente de un suicidio como indican los forenses, se ha encontrado un rastro de huellas de pies descalzos que entra por el patio trasero y se desvanece en frente de la puerta de la habitación del señor James Murphy. También se menciona de un olor a perfume de mujer en la habitación en los testimonios de los policias que hallaron el cuerpo. A pesar de ello, el caso queda cerrado.
Detective John G. Jones
Tom se quedó helado. Aquel era el caso de sus antiguos inquilinos. Lo que más le chocaba era que la señora Burnside no tenía el pelo negro, era rubia. En su mente empezaron a establecerse relaciones, y subitamente recordó. La silueta llevaba pelo negro. Subió corriendo a su cuarto, entró y cerró la puerta apresuradamente. Se apoyó contra ella, como intentando evitar que algo entrase. Unos pasos rompieron el silencio. Eran pies descalzos, pisadas sordas sobre el suelo de madera. Estaba en el rellano. Para su horror, pudo oir como subían por las escaleras. Un escalón. Otro. Otro más. Tom cerró los ojos con fuerza, deseando despertar. Otro escalón, quedaban siete.
Tom recorrió con sus ojos la habitación, buscando una salida.
Seis.
La ventana estaba muy alta, si intentaba saltar se rompería algo. Miró el armario, la cama y su escritorio, iluminado por la lamparilla.
Cinco.
Su corazón latía muy deprisa, su respiración acelerada era ensordecedora. No podía pensarcon claridad. Solo escuchaba los pasos.
Cuatro.
Sabía que faltaba poco, apenas unos metros y estaría en su puerta.
Tres.
Tom empezó a rezar. No creía en dios, pero tal vez existía.
Dos.
Cerró sus ojos y aguardó el final.
Uno.
Los pasos se acercaron a su puerta, lentamente. Allí estaba. Tom pensó que si debía morir, tal vez era mejor enfrentarse. El latido de su corazón retumbaba en sus oidos. Tomó aire y abrió la puerta.
No había nadie.
Tom suspiró de alivio. Rió ante su miedo, de lo asustado que había estado. Casi se había cagado en los pantalones. No pasaba nada. Un frío golpeó su espalda, y hasta él llegó un perfume de mujer. Tom quedó paralizado. Estaba detrás suya. Su aliento se clavó en su nuca. Se giró lentamente. Vió el armario, el escritorio apareció en su campo de visión. Recordó ( No mires atrás), pero era demasiado tarde. Una chica de pelo negro estaba ante él. Era demasiado tarde.
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Los padres de Tom llegaron a su casa. Subieron a su habitación al ver que no obtenían respuesta. La señora Jones gritó. Tom estaba tumbado en el suelo, su rostro descompuesto por el horror. Sin embargo, no llegó a verle. Había gritado porque había visto una sombra por el rabillo del ojo.
No mires atrás
Publicado por
Juanma MC
jueves, 13 de mayo de 2010
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