En la lejanas tierras por donde el sol eleva su abrasadora corona por el horizonte, el viento susurra en las noches de luna menguante mil y una historias. Historias de perdidos diamantes de vida en la inmensidad del desierto, sobre los mares de dunas, de los demonios de erizado aguijón y que repta en la oscuridad, del poder de los imperios antíguos, consumidos por las arenas. Los leones negros se acercan cada noche a escuchar su canto, bajo el colmillo de la luna y las estrellas del cielo, escuchando a veces su regocijo y otras su llanto.
Arenas de oriente
Amanecer estival II
Miguel sacó de su mochila un libro de finas tapas, cuyo borde se había deshilachado por el uso. Lo abrió, y aunque él seguía en la clase, su mente divagaba por otras cuestiones más profundas, cercanas al corazón. Pronto acabaría el curso, y con el los días de tediosas clases, los exámenes y las notas marcadas en rojo incandescente. Se acabarían las horas de estudio, las funciones polinómicas de las que había que descifrar sus secretos.
No solo eso quedaría atrás. También lo harían los amigos, aunque no le preocupaba demasiado. Normalmente la gente no se interesaba por el, le miraban como a una anomalía, algo que nunca debió estar alli. La mayoría sencillamente pasaba, por lo que se había acostumbrado al resguardo de la soledad. Aun así,había una chica que era diferente. A ella le importaba, y ella también le importaba a él, más de lo que nunca se atrevería a admitir. Se llamaba Carol, y se sentaba unos pupites más adelante. Su pelo dorado, cuyo brillo eclipsaba la luna, era suave y sedoso, ligeramente ondulado. Sus profundos ojos azules, aquellos fragmentos de los mares del sur, de las mareas y su infinito celeste, se habían cobijado en su corazón.
La miró. Estaba allí sentada, junto a la ventana. La brisa jugaba con sus cabellos, que revoloteaban con suavidad. Era hermosa, a sus ojos le parecía un ángel, una criatura de luz cristalina y pura, de rosadas mejillas y piel de marfíl, de majestuosos labios. Era delicada, pero fuerte. No pudo evitar pensar en una rosa, de frágil flor y afiladas espinas. De pronto una ronca voz le despertó de sus ensoñaciones.
- Miguel, atiende-.indicó el profesor.Acto seguido, siguió explicando.-El nihilismo de Nietzsche es...
Carol le miró, le sonrió, y él le devolvió la sonrisa. Sí que la echaría de menos, sobre todo a ella. A los veinte minutos sonó el repiqueteo salvador de la campana, y todos se levantaron de sus pupitres.
Curvas peligrosas II
-¿Cómo que es un trozo de tiempo?-.preguntó incrédulo Ray. Mantenía fija su mirada en el brillo opaco e irisorio de la piedra. ¿Como podía ser aquello tiempo? Nunca había pensado que el tiempo fuese material, mas bien era algo etéreo, impalpable. No podía creer que aquello que descansaba sobre la mesa fuese tiempo.
-Lo es, aunque no suele estar en este estado. Verá, nosotros vivimos inmersos en el tiempo, todo transcurre dentro de él. Su longitud de onda es tán larga que no interfiere en el espacio, al menos no de modo fundamental. Sin embargo, en las regiones donde hay un grán campo gravitatorio se deforma ligeramente. Cuando interfieren otras radiaciones logran cristalizarlo y dan lugar-. Cogió la piedra-. a esto.
-¿Y para qué sirve?-.pregunto Ray. Devonarth le lanzó una mirada asesina, indicando que había acabado la conversación.Ryan se levantó y salió de la sala. Cerró la puerta a sus espaldas, y volvió por los fríos pasillo a la nave. En su bolsillo tenía otro fragmento.
*****
Ray puso en marcha el reactor y activó la antigravedad. La nave se fue elevando en el hangar, cuando una ráfaga de rayos laser zumbó cerca de la nave. Malditos tecnócratas, pensó Ray, Creen que todo el universo es de su propiedad solo porque son hombres de ciencia.Encendió los rotores auxiliares y con un fogonazo se propulsó hacia el espacio.
-¡Mierda!-.gritó Devonarth, pateando los restos de una lata doblada. Aquel cazarrecompensas tenía en su poder un inexplicable fenómeno del cosmos, que seguramente vendería al mejor postor sin importarle el futuro del universo. Debían capturarlo cuanto antes.
Apagó los rotores y marcó las coordenadas del sistema planetario mas cercano. En el monitor aparecían daños en el casco, con toda certeza provocados por los rayos láser. Necesitaba reparar la nave y ver qué podía hacer con aquel fragmento de tiempo. Jugueteó con la piedra, lanzándola verticalmente a unos centímetros sobre su palma abierta, para cogerla y volver a lanzarla. Ante sus ojos, el trozo irisado descendió con una irreal lentitud, demorandose en su caida. Ray pudo ver un destello en su pulida superficie, un brillo de una estrella diminuta.
Se detuvo la piedra, todo se quedó en una sostenida quietud. Ray se dió cuenta que había dejado de respirar,y su corazón dió un vuelco al ver que el tiempo se había detenido. Al menos lo hubiera hecho si estuviese latiendo.
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Amanecer estival
I
Ultimo aliento de la primavera
En el verde horizonte de los frondosos árboles, se erguía un intenso cielo azul; un mar surcado por blancas y esponjosas nubes insufladas por el ultimo aliento de la primavera. Las hierbas habían dejado atras su verdor, dando paso al suave manto dorado del verano. Aquel era un pequeño pueblo, bordeado al norte por una extensa y elevada cordillera cuyas cumbres nevadas se fundían en caudalosos ríos. En las faldas del monte se aglomeraban las casas, sus fachadas amarillas, blancas y anaranjadas resplandecían bajo el caluroso sol. Cada casa con su tejado de roja arcilla, en cada tejado una orgullosa chimenea. Las calles eran estrechas, muchas veces de una pronunciada pendiente y serpenteantes recovecos. La cercanía de sus paredes, de las acogedoras puertas de madera, su sencillez, eran reconfortantes. En las calles más estrechas acogía siempre una refrescante sombra al margen del sol abrasador, un refugio del calor, un oasis de aguas cristalinas.
Caminaba hacia la escuela, un edificio de rojos ladrillos en las afueras del pueblo. Entró por la puerta principal, bajo las agujas del gran reloj que marcaba las diez. Los blancos pasillos estaban cubiertos con algunos anuncios de los que colgaban serpentinas con teléfonos, posters de eventos o alguna que otra pintada indiscreta que habían intentado borrar, pero quedaba la sombra de sus colores. El pasillo tenía forma de T, bifurcándose en dos ramas. Al final de la derecha estaba la escalera a la segunda planta, y a mano izquierda las aulas de secundaria. Miguel giró a mano derecha y subió la escalera. Un extenso pasillo, con clases a ambos lados, era la segunda planta. Al fondo habían instalado taquillas para dejar los libros, aunque la gente las usaba para colgar fotos o posters. Entró apresurado en la clase, cerrando la puerta a sus espaldas. El profesor, a media explicación,sin dejar de hablar le dirigió una mirada asesina,y Miguel se sentó.
-Sacad los apuntes de Nietzsche-.ordenó el profesor. Tenía el pelo cano, profundas entradas en la frente y unas gruesas gafas de montura metálica. Su rostro permanecía inmutable; Miguel y sus amigos pensaban que nunca se reía, que debía de ser un robot. Aunque era absurdo, su gesto permanecía inalterado,su voz modulada y su vista perdida en algun punto del infinito.
Curvas peligrosas I
La segunda ley de la termodinámica expresa de manera concisa que la entropía de cualquier sistema termodinámico se incrementa con el tiempo. Esto significa que el universo tiende irremediablemente al caos, aunque se mantiene misteriosamente en equilibrio.¿De dónde proviene este orden?
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Ray dirigió la nave haciala estación, observando cuidadosamente los indicadores de velocidad y actividad del motor hiperatómico. Activó el escudo antigravitatorio, otorgándole a la nave un descenso majestuoso a medida que cedía a la gavedad terrestre. Salió de la nave y se internó en la estación. Eran unos hangares fríos y solitarios, revestidos de paredes de acero y cadmio. Era una medida de seguridad en caso de fuga radiactiva, ya que un fallo en los rotores del motor hiperatómico liberarían suficiente radiación gamma como la fisión nuclear no controlada, lo que se conoce comunmente como una bomba atomica.
Atravesó los sórdidos pasillos, acompañado por el repiqueteo de sus pisadas sobre las rejillas metálicas. El avance tecnólogico puede llegar a ser inhumano, pensó Ray. Aquel ambiente tal vez fuese acogedor para un robot positrónico, pero parecía una desolada carcel para el capitán. Se dirigió hacia el noroeste, siguiendo su holomapa en tres dimensiones, que conformaba un luminoso esquema con haces azulados. El objetivo se veía como un indicador verde, en forma de esfera semitransparente. Era el despacho de William Devonarth, el Representante de la Confederación Intergaláctica en el distrito Europeo. Llegó al punto indicado, y apagó el mapa, que soltó un leve zumbido. La puerta se abrió, y se encontró ante un escritorio presidido por un hombre de pelo cano y cansados ojos autoritarios. Sus ojos azules estaban bordeados por negras ojeras, surcos de agotamiento y estrés.
- Sientese-.Ordenó Devonarth.-Me gustaría saber si trae consigo lo que le pedí.
-Si-. Ray extrajo de su bolsillo un objeto con suavidad, con ademanes cuidadosos. Era una piedra de brillo irisorio, suave como el terciopelo. La dejó sobre la mesa, en la que se quedó con inusitada quietud. A nuestos ojos, la materia es sólida. Esto fue refutado por el profesor Vandersen en el año 2039, que propuso la teoría electrocinética de las ondas, que afirma que la materia no es más que una onda de elevada frecuencia, y por ello es sólida. Se hicieron hipótesis sobre una onda con frecuencias próximas a 10 elevado a la enesima potencia. Ahora bien, la frecuencia máxima registrada es la del agujero negro, la cual tiene una frecuencia de 10 elevado a 7. Esto significa que tal material no puede existir en teoría, pues sería tan denso que deformaría el espacio-tiempo cien veces más que un agujero negro. Solo en teoría.
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- Sepa usted que este asunto es estrictamente confidencial-.advirtió Devonarth.-La existencia del Plasma protocósmico es un asunto clasificado, y espero por su bien que sepa valorar la discrecíon.
-Por supuesto-. Respondió Ray, con sus ojos fijos en aquella piedra.- Su secreto está seguro conmigo. Pero me gustaría que me explicase más sobre ello, solo para que pueda comprender las razones que llevaron a poner en peligro a toda mi tripulación.
- Esto-. dijo Devonarth.- Es lo que denominan como plasma protocósmico, un cuerpo de entropía negativa. La entropía solo puede acercarse a cero, pero nunca rebasar su límite. Es teorícamente imposible, asi que como ve, está ante un imposible de la ciencia.
''No solo eso. Estó, querido capitán, es lo que los neometafísicos llaman un fragmento de dios. Como sabe, el universo se compone de cuatro dimensiones: Las tres espaciales, y la temporal. Esta última está muy ligada a los campos gravitatorios, como enunció en la antigüedad Einstein en su teoría de la relatividad. Esto que ha recuperado del núcleo de una estrella Alfa, en la que una supernova y un agujero negro se superponen en equilibrio, es una condensación geodimensional de antimateria. Esto, capitán, es un trozo de tiempo.