Dibujos




Ángeles de la muerte (Trabajo escuela escritores)


Entro en el parking, y aparco en un hueco donde están pintados los números 597, la misma plaza de siempre. Es una fría mañana de invierno y apenas llega a despuntar el sol sobre las colinas que hay al sur de Galvestone. Miró mi reloj, son las seis de la mañana. Como cada día, cruzo el pasillo hasta el ascensor, presiono el botón metálico para la segunda planta, y voy despertando a medida que asciendo. Recorro el laberinto de pasillos que conozco de memoria, y como un autómata paso mi tarjeta por la ranura de la máquina y ficho. Voy a por un café, y encuentro a mi amigo Alex junto a la cafetera. Viste el mismo uniforme oscuro que yo, con una linterna y una pistola al cinto, aunque ha ido cogiendo polvo con el tiempo, pues en nuestro trabajo hay apenas incidentes, y ninguno que requiera desenfundar la pistola. Suelen ser otro tipo de problemas, más relacionados con la limpieza y la organización de ''la sala''.

-¿Como va todo, Alex?-. Le saludo.
-Igual de muerto que siempre, compañero-.Me contesta. En su mano derecha sostiene la taza de café cargado, en la izquierda un cigarro que se consume con lentitud, dejando una espesa estela que asciende como la neblina matinal.- En media hora se habrá desinfectado ''la sala'', así que puedes irte preparando la fregona.
-Habrá que echarlo a suertes-. Le contesto.

Bajo el bigote que cubre su labio superior comienza a dibujarse una sonrisa, a la que respondo alzando los hombros y suspirando. La ceniza ha caído sobre el frío suelo de mármol gris, igual de monótono que el resto del edificio. No hay ningún cartel ni póster, a no ser que sea algún indicador de salidas de emergencia o extintores, lo cual resulta irónico teniendo en cuenta el servicio que ofrece el centro.

Alex saca una moneda cobriza del bolsillo y mira sus caras, como si intentase averiguar cual iba a ser la ganadora.
-¿Cual quieres, cara o cruz?-. Dice, alzando la vista en mi dirección.
-Da igual, te voy a ganar otra vez-. Contesto, con ganas de cachondeo. Luego añado.-Cruz.
-De acuerdo entonces-. Sitúa la moneda sobre su pulgar y la lanza al aire, donde giró suspendida. Al caer al atrapa y mira que ha tocado.-Cruz

Le sonrío, triunfante. No me apetece tener que recoger los despojos ni ordenar ''la sala''. El termino técnico es cámara de suicidio asistido, pero nadie usa aquella tétrica palabra. Son un fenómeno bastante reciente, desde que en las elecciones de hace unos años había salido Henry Richardson elegido como presidente, luchó por instaurar una ley a favor del suicidio voluntario, alegando que muchos enfermos terminales tendrían una muerte digna e indolora. Tras cinco meses de debate y votaciones, se aprobó finalmente. Construyeron un edificio destinado a este 'servicio comunitario' en cada núcleo urbano. Por suerte para algunos como yo y Alex, generaron empleo para cualquiera dispuesto a trabajar en ello. Se parece a una morgue; metes a los cadáveres en bolsas de plástico y los llevas en bandejas metálicas con ruedas hasta el incinerador, lo que entre nosotros llamamos 'el purgatorio'.

Caminamos por el sórdido pasillo, bajo la luz pálida de los fluorescentes. Alex lleva el carrito metálico, sus ruedas chirrían con fuerza, amplificado por la quietud que reina en el edificio. Giramos a la derecha, hacia el ala este. Al fondo se divisa dos puertas contiguas, idénticas. La de la izquierda es una puerta trasera a ''la sala''; la de la derecha es un habitáculo para la vigilancia. Allí están las grabaciones diarias de los suicidios, que no se suelen mirar . Más de uno ha dejado el trabajo por haber visto en las cintas lo que sucede dentro de la sala en el momento en el que se introduce el gas. Me recuerda a un trapo sucio familiar, que todos saben y nadie habla de ello. Es lo que es esto. Un trapo sucio. Somos el servicio de limpieza, en la sombra, ocultos a la vista de la gente de a pie. Eliminamos la inmundicia de la sociedad, aquellos que antes que vivir otro día prefieren sentarse en una silla y esperar a que el gas nervioso entre en sus pulmones y les detenga el corazón.

Alex entra en la izquierda mientras yo voy a la derecha. Cojo un walkie, que me comunica con el interior de la sala.

-¿Como está todo por ahí?
-Vaya asco...parece que mas de uno era alérgico al gas. Está todo lleno de sangre.
-Enciende la cámara de vigilancia.-El monitor se ilumina y aparece el rostro de Alex. A su espalda hay varios bultos, algunos pequeños y otros mas grandes, pero todos manchados de una sustancia rojiza.- Hoy no es tu día de suerte.

-Y que lo digas. Parece la matanza de Texas-.bromea.-Es como una escena de una película de zombis de serie B.
-No digas tonterías-.digo.-Los muertos no se levantan. La cosa mas peligrosa en esa sala eres tu.

Me río, y Alex se ríe conmigo, al otro lado del monitor. Parece que una sombra aparece en una esquina de la pantalla. Me froto los ojos, debe ser el cansancio acumulado. Miro de nuevo el monitor, y la sombra ha desaparecido. Alex sigue con la fregona, limpiando el rincón mas alejado de la habitación. El charco de sangre parece extenderse mientras pasa la fregona.

-Intenta limpiar más de lo que ensucias-. Le digo, y enciendo la pantalla de las grabaciones.

Vuelvo la vista al monitor y veo a Alex limpiando el objetivo de la cámara. Le echa el aliento, la frota y sonríe. De pronto quedo paralizado. Se me hiela la sangre, un escalofrío se instala en mi nuca. Mantengo los ojos abiertos, fijos en la pantalla. Veo a Alex, pero no está solo. A su espalda, algo blanco se ha movido. Intento hablar, pero solo consigo mover mis labios en silencio.

De pronto, algo se abalanza sobre Alex, salpicando el objetivo con su sangre. Se mueve como un animal rabioso, hambriento. Alex desaparece en el ángulo muerto de la cámara, y en su lugar aparece una mujer, de pelo grasiento. Sus ojos son lechosos. Está muerta. Abre la boca y gotea un hilo de sangre. Siento una corriente a mi espalda. La puerta estaba abierta.

Chicas de usar y tirar

Golosos labios de caramelo,
pomposas y sensuales curvas
que deslumbran con solo mirar.

Son chicas de usar y tirar,
solo un brillante envoltorio.
Lo que ves, no hay nada más,
tan frías como el diamante.
Su suave piel de terciopelo
guarda un corazón hueco.

Sus palabras son delicadas;
no son mas que otra artimaña
para esclavizar tu alma.

Aparta de su camino,
si no quieres ser su peón.
Solo van a jugar contigo,
usarte y moverte a placer.
Una marioneta en sus manos,
es todo lo que vas a ser.

-------------------------------------Juanma Muñoz Calvo-----------------------------------

Relato de la escuela de escritores(Corregido)

He quedado con Ana, arranco el motor de mi coche, un smart de segunda mano que encontré en los anuncios de algún periódico, y aguardo, sintiendo en la yema de mis dedos las vibraciones del motor, un ligero ronroneo. Presiono el acelerador, y voy dejando atrás la carretera. Alargo la mano hacia mi chaqueta, que está en el asiento del copiloto, y extraigo un cigarrillo y un mechero zippo que tiene grabado un águila y el logo de Harley Davidson. 

Desde que conocí a Ana, veo gente caminando, haciendo su vida, gente ajena. Son parte del paisaje, una parte de la ciudad. Me asusta pensar lo frívolo que soy al pensarlo, pero dudo que sea el único. Solo son caras en la multitud, sin nombre. No has compartido momentos con ellos, ni conoces qué les gusta, son otro elemento de la calle, una película urbana que cambia con los días. Empieza a caer el telón, el cielo se tiñe de rojo.

Giro el volante a la derecha y entro en una calle estrecha, entre dos apartamentos. Suelto el acelerador y activo las luces, que hacen el sonido monótono de un repiqueteo constante. Miro hacia el portal que hay a mi izquierda, esperando a que se abra y salga  Ana .La conocí una fría mañana de noviembre, cuando me iba de camino a la boca de metro. Tropecé con ella mientras hablaba por el movil, y se le cayeron las carpetas que llevaba. Me agaché a ayudarla, recogiendo folios del suelo y pidiendo disculpas. Todo habría acabado ahí si no fuese porque encontré un folio de la universidad, que casualmente era la misma que la mia. Qué coincidencia. Dicen que estas cosas no pasan porque sí, y desde entonces empiezo a creer en ello.

Empezamos a hablar en el metro, en nuestro trayecto a la universidad. Me contó que venía de fuera, de un pueblo del norte de Galicia, cercano a finisterre. A mi mente acudió la imagen de un pequeño pueblecito de casas de piedra gris bajo un cielo de nubes en toda la escala de grises, en las verdes praderas y el olor a hierba mojada. Cuando llegamos me dio su número, y me dijo que la llamara para quedar a dar una vuelta. Salimos aquel mismo fin de semana, quedamos en una cafetería que había cerca de un parque pequeño. Nos sentamos dentro, en una mesa junto al cristalera.

Ese fue el primero de nuestros encuentros; y hoy, una cálida noche de verano, he quedado con ella en su puerta. Sale una chica de rubios cabellos y ojos azules, su dulce silueta recortada por la luz de una farola. Le sonrío, y su sonrisa brillo como una estrella. Entra en mi coche y me da un beso en la mejilla, y siento sus suaves labios con aroma de fresa en mi mejilla. Arranco , y mientras voy conduciendo le pregunto qué tal está.

Llegamos a un pequeño parque, bajo la luz de las estrellas. En el cielo hay un surco de plata que deja la luz de la luna. La cojo de la mano, y puedo sentir en mis dedos su suave piel. Nos sentamos en un banco bajo el resguardo de un roble nudoso. La miro, y le digo lo guapa que está; ella me sonríe y me pregunta qué tal el día. Le cuento algunas anécdotas, pedazos del pasado que la hacen sonreír ,fruncir el ceño a veces y otras reír.

Me cuenta que ella también tiene algunos problemas parecidos, y me dice que tuvo que ir hoy al hospital por su madre. dejo caer mi mano en su hombro, intentando sacudir la escarcha de los malos recuerdos. Solo puedo pensar en las ganas que tengo de besarla y no poder. Siento que voy a estallar si no le digo lo que me hace sentir, si no le cuento cómo ha cambiado mi vida aquel día en el metro.

Decido que debo hacerlo tarde o temprano, y que ya hace tiempo que debía haberlo hecho. La cojo de la mano, y le digo en un murmullo lo mucho que me gusta. Aunque intento que no me tiemble la voz, no puedo evitar que sea sacudida por la emoción. La miro a los ojos, aquellos ojos en los que brilla una estrella. Sus labios se mueven, y forman una frase que me hace naufragar. 'Solo te veo como un amigo', me dicen. Un nudo asciende a mi garganta y me impide hablar. 


Hablamos, pero no puedo dejar de pensar en las palabras que tras cruzar el espacio entre nosotros han atravesado mi corazón. Parece que las farolas se han apagado. Las estrellas se han fugado a otro lugar lejos de aquí. La luna parece un temible colmillo de plata pendiente sobre mi cabeza.

Relato de la escuela de escritores


Arranco el motor de mi coche, un smart de segunda mano que encontré en los anuncios de algún periódico, y aguardo, sintiendo en la yema de mis dedos las vibraciones del motor, un ligero ronroneo. Presiono el acelerador, y voy dejando atrás la carretera. Alargo la mano hacia mi chaqueta, que está en el asiento del copiloto, y extraigo un cigarrillo y un mechero zippo que tiene grabado un águila y el logo de Harley Davidson. Le doy una calada, y el humo va asfixiando mis pulmones. Gradualmente me inunda la paz del naúfrago que se ahoga, la falta de oxígeno relaja mis músculos y siento que los problemas se ahogan en la neblina.

A mi alrededor, en las calles, veo gente caminando, haciendo su vida, gente ajena. Son parte del paisaje, una parte de la ciudad. Me asusta pensar lo frívolo que soy al pensarlo, pero dudo que sea el único. Solo son caras en la multitud, sin nombre. No has compartido momentos con ellos, ni conoces qué les gusta, son otro elemento de la calle, una película urbana que cambia con los días. Empieza a caer el telón, el cielo se tiñe de rojo.

Giro el volante a la derecha y entro en una calle estrecha, entre dos apartamentos. Suelto el acelerador y activo las luces, que hacen el sonido monótono de un repiqueteo constante. Miro hacia el portal que hay a mi izquierda, esperando a que se abra y emerja ella. Ella tiene nombre; se llama Ana y la conocí una fría mañana de noviembre, cuando me iba de camino a la boca de metro. Tropecé con ella mientras hablaba por el movil, y se le cayeron las carpetas que llevaba. Me agaché a ayudarla, recogiendo folios del suelo y pidiendo disculpas. Todo habría acabado ahí si no fuese porque encontré un folio de la universidad, que casualmente era la misma que la mia. Qué coincidencia. Dicen que estas cosas no pasan porque sí, y desde entonces empiezo a creer en ello.

Empezamos a hablar en el metro, en nuestro trayecto a la universidad. Me contó que venía de fuera, de un pueblo del norte de Galicia, cercano a finisterre. A mi mente acudió la imagen de un pequeño pueblecito de casas de piedra gris bajo un cielo de nubes en toda la escala de grises, en las verdes praderas y el olor a hierba mojada. Cuando llegamos me dio su número, y me dijo que la llamara para quedar a dar una vuelta. Salimos aquel mismo fin de semana, quedamos en una cafetería que había cerca de un parque pequeño. Nos sentamos dentro, en una mesa junto al cristal. El ambiente era acogedor, una pequeña mesa de madera adosada a la pared de madera, cuyas líneas le daban un aspecto rústico y sencillo. Nos fuimos conociendo, nos confiamos algunos secretos y de algún modo empezó a ocupar un rincón en mi corazón.

Ese fue el primero de nuestros encuentros; y hoy, una cálida noche de verano, he quedado con ella en su puerta. Sale una chica de rubios cabellos y ojos azules, su dulce silueta recortada por la luz de una farola. Le sonrío, y su sonrisa brillo como una estrella. Entra en mi coche y me da un beso en la mejilla, y siento sus suaves labios con aroma de fresa en mi mejilla. Arranco , y mientras voy conduciendo le pregunto qué tal está.

Llegamos a un pequeño parque, bajo la luz de las estrellas. En el cielo hay un surco de plata que deja la luz de la luna. La cojo de la mano, y puedo sentir en mis dedos su suave piel, el calor que desprende enciende algo en mi corazón, un sentimiento que no experimentaba desde hacía mucho. Nos sentamos en un banco bajo el resguardo de un roble nudoso. La miro, y le digo lo guapa que está; ella me sonríe y me pregunta qué tal el día. Le cuento algunas anécdotas, pedazos del pasado que la hacen sonreír ,fruncir el ceño a veces y otras reír.

Me cuenta que ella también tiene algunos problemas parecidos, y me dice que tuvo que ir hoy al hospital por su madre. Poso mi mano en su hombro, intentando sacudir la escarcha de los malos recuerdos. En mi interior empieza a aflorar un dilema, las ganas que tengo de besarla y no poder. Siento que se me va a escapar el corazón del pecho si no le digo lo que me hace sentir, si no le cuento cómo ha cambiado mi vida aquel día en el metro, cómo me perdería en el mar de su mirada turquesa cada mañana.

Decido que debo hacerlo tarde o temprano, y que ya hace tiempo que debía haberlo hecho. La cojo de la mano, y le digo en un murmullo lo mucho que me gusta. Aunque intento que no me tiemble la voz, no puedo evitar que sea sacudida por la emoción. La miro a los ojos, aquellos ojos en los que brilla una estrella. Sus labios se mueven, y forman una frase que me hace naufragar. 'Solo te veo como un amigo', me dicen. Un nudo asciende a mi garganta y me impide hablar. Siento que me asfixio, que una lágrima empieza a brotar de uno de mis ojos, pero me sobrepongo y hago de tripas corazón.


Hablamos, pero no puedo dejar de pensar en las palabras que tras cruzar el espacio entre nosotros han atravesado mi corazón. Parece que las farolas se han apagado. Las estrellas se han fugado a otro lugar lejos de aquí. La luna parece un temible colmillo de plata pendiente sobre mi cabeza. Me sorprende de nuevo cómo unas pocas palabras pueden destrozar un mundo, lo fácil que es apagar la luz de la esperanza, y lo peligrosa que puede ser entregarle a alguien la llave de tu ser.

Hollow creek: Proximamente

Tengo planeado escribir otra novela de suspense, que se va a titular Hollow creek. Con la universidad y el estudio espero con suerte llegar a acabarlo para finales del año que viene, ya que tengo la agenga un poco apretada. Aqui os dejo un adelanto.


Rose miró el pozo, iluminado bajo la luz oscilante de una solitaria bombilla.Su superficie era una neblinosa oscuridad, casi opaca. Se aproximó hasta el cerco de piedras mohosas que rodeaba aquel abismo. Las turbias aguas aguardaban con una quietud hipnótica, ocultando con un espeso velo su profundidad. 

Cogió una piedra y la arrojó al pozo, que quebró la densa capa abriéndose paso hasta el fondo, dejando una grieta en la superficie. Aquella grieta no duró demasiado, pues pronto se volvió a cerrar, como una herida que cicatrizara intantaneamente. La luz parpadeó, y Rose miró a su alrededor, volviendo de nuevo su mirada al pozo. Las aguas no se habían alteradolo más mínimo, lo que le daba un aspecto surrealista. 

Una burbuja salió a flote, una pompa verdosa se formó en el pozo para luego reventar, sin dejar rastro alguno. Rose se acercó más, intrigada por la repentina burbuja. A apenas unos centímetros de la superficie, solo veía la capa viscosa, monótona y oscura. Iba a marcharse cuando vislumbró dos puntos de brillo ambarino a través del velo del pozo.




Palabras huecas

Cuando ves ante tus ojos que todo marcha bien, que la gente es feliz, entonces empiezas a sentir esa impotencia causada por las miles de batallas perdidas, sin gloria alguna, solo agudo sufrimiento y dolor apagado por el eco de mil voces que enmascaran la desgracia. 


Llevo toda mi vida luchando contra todo lo que hiciese falta para lograr vislumbrar un poco de esa felicidad, un respiro, una palmada en la espalda, las caricias de aquella que ha cautivado tu corazón. Te abalanzas con toda tu energía, vuelcas tu alma por hacerte un hueco en esta vida, para que al final quedes al margen, olvidado en un piso, franqueado por torretas de libros y atrapado en tu soledad. Al final, los problemas no te dan respiro, la palmada en la espalda se vuelve una punante puñalada, aquella de la que te has enamorado tira tu corazon a una papelera de alguna solitaria calle, bajo la mirada de alguna farola..

Dicen que todo ira a mejor. Que todo empezara a funcionar, que lograras ese hueco algun dia. Ese dia nunca llega. Te quedas esperando, sigues luchando, cada vez con mas fuerza, hasta que tus musculos aullan de dolor, en tu cabeza te desgarra la migraña y tus dedos estan insensibles. Adquieres mas habilidades, te haces cada vez mejor, creyendo que eso te va a salvar de lo que te pasa. Es mentira. Hagas lo que hagas, no cambia nada.


Igualmente, nadie leera estas palabras. Se perderan en el flujo de millones de gigabytes que pueblan la red, olvidados en la oscuridad. Al igual que un naúfrago, sé que nadie leera mis palabras, pues nunca llegaran a una orilla en una botella.

Frank S.Miller

Calculo

Para aquellos compañeros que den Ingenieria Aeroespacial de primero, os dejo el libro ''base'' de Calculo, aunque es mas grande que los cimientos de la universidad.Ahi va Stewy XD

http://www.slideshare.net/JuanmaM0/clculo-trascendentes-tempranas-james-stewart

Ultimas palabras II

El amanecer se elevaba sobre Galvestone, velado por el muro gris de nubes. Las sombras se alargaron sobre las carreteras, donde cada vez más empezaban a despertarse los ruidos de la ciudad. Se iban uniendo timidamente a la estridente melodía el claxon de algun coche o el llanto de una lejana sirena, alzándose en el aire contaminado. El sonido iba in crescendo, ganando ímpetu a medida que el sol fantasma dejaba entrever su resplandor entre el cielo plomizo.

El despertador gritó en la mesilla de Frank, que lo agarró al tiempo que tomaba aire. Acababa de despertar de una pesadilla que no podía recordar, sumergida en la bruma de su subconsciente como una tonelada de plomo. Sentía que le faltaba el aire, y el corazón le latía desbocado. Dirigió su mirada al despertador. Los números de neón rojo derramaban su luz en la habitación, las 7:30. Hora de irse a la universidad. Alargó la mano hacia el armario y sacó el habitual atuendo; un pantalon vaquero, una camiseta y unas deportivas. Se vistió en la oscuridad, incapaz de abrir sus ojos a la luz. Cogió su mochila y salió de su habitación. A la salida se puso su sudadera con capucha, de un inusual azul eléctrico adornada con un intrincado diseño en su espalda.

Las calles estaban rebosantes de hombres imbutidos en trajes caros que llevaban un maletín, hombres y mujeres que tenían prisa por llegar al trabajo con surcos bajo los ojos por el cansancio. Se aferraban a sus móviles con determinación, su parlante salvavidas. Cruzó la calle y anduvo hasta llegar a un starbucks. Era sorprendente la cantidad de gente que desayunaba de camino al trabajo, sin tiempo a pararse ni siquiera para comer. Frank hizo su pedido rutinario a una chica morena bastante atractiva, cuyo uniforme resaltaba sus exuberantes curvas. Parecía que era nueva en el trabajo, pues se la veía nerviosa. Sus ojos miraban de un lado a otro sobrecogida por la velocidad a la que tenían que responder sus compañeros. Frank cogió su café y su donut y dejó el dinero en el mostrador, que fue rápidamente cogido por otro de los camareros.

Ultimas palabras

Frank miró a través del cristal de su ventana, donde se estrellaba la fría lluvia. Eran saetas de luz bajo la vacilante luz de las farolas. Los edificios, lóbregos e imponentes, eran los muros de su propia carcel. Su gris imperturbable había vencido al color, a la luz del amanecer, al verano. Las calles volvían sobre sí mismas, un bucle de asfalto que zigzagueaba entre los edificios. No había ni un alma en aquella ciudad, nada excepto la lluvia, que caía indiferente sobre las aceras.

La soledad era claustrofóbica, te atrapaba como una telaraña de hormigón; la indiferencia del trato entre vecinos, que bien podían ser hermanos, pero allí cada hombre era su propia isla; una isla perdida en el vasto océano de la monotonía gris de las calles, de las desnudas aceras en las que se erguían raquíticas farolas. El silencio reinaba, su pesado manto caía en cada rincón y lo enmudecía. Sería una ciudad fantasma si no fuese por el rugido de los coches; los estallidos cuando quemaban gasolina era ensordecedores. Nadie quedaba en las calles cuando el mortecino resplandor del sol se apagaba, todos lo hacían y nadie se preguntaba el motivo.
Si indagabas te podrías encontrar con el destello de las navajas en los callejones como respuesta. Lo único es que nunca resultaba convincente, apestaba a una excusa como las bolsas de basura en pleno agosto.

Una sombra se deslizó entre los edificios, una sombra escurridiza en la noche. Aunque sabía que no era observada, se refugiaba en la oscuridad de los callejones. Atravesó la calle, evitando los charcos. La quietud solo era quebrada por el sonido de la lluvia, que golpeaba la acera como una ráfaga de ametralladora. La sombra bordeó el cerco de la luz de la farola, pero no pudo evitar que revelara el rastro de sangre que dejaba a su paso.

Circulos II

Salio a las bullentes calles de la ciudad, que se extendían en forma de red sobre la metropoli. Miles de personas, ajenas a todo aquello que no apareciera en la pantalla de sus móviles o saliese de sus auriculares, avanzaban en aquel frenesí de gente caminando con prisa en todas direcciones. Alguien que nunca hubiese visitado una ciudad antes podría pensar que sucedía algo, pero aquello era la rutina de las seis de la tarde, hora en la que las reuniones de la tarde, los centros comerciales y otras cosas eran lo más importante, la prioridad de los habitantes de Dannestone.

Roy descendió a las profundidades del metro.Las paredes estaban hechas de grandes azulejos deslustrados, con manchas negras y marcas de suciedad. En el recodo del pasillo que daba al andén, un hombre cuyas ropas estaban en mal estado arrancaba una solitaria melodía de su guitarra. A sus pies había dejado una gorra, igual de destrozada que su atuendo, en la que apenas yacían unas monedas, círculos de plata sobre el fondo negro de la gorra. Roy pasó de largo, como muchos otros. Aquel hombre era un fantasma en aquella metropoli, una melodía ya olvidada que dejaba su eco en los túneles del metro.

Entró en el vagón, un cubículo de metal pintado de blanco hueso, una mecánica serpiente subterránea que recorría incansable bajo los miles de edificios de  cristal y acero el mismo trayecto, cargado en sus entrañas de gente aislada, que aún rodeada por la multitud estaba sola. Eso era algo que aprendías al poco de vivir en Dannestone. La multitud era una marea de gente ajena, en la que te veías rodeado día a día. No eran personas, eran algo diferente, una enorm entidad compuesta de miles de partes que bullían.

Circulos

Roy miró el anillo, un dorado círculo sobre la mesa. El sol arrancaba destellos, que dejaban sobre la mesa una aureola alrededor suyo. No pudo evitar que en su mente entraran todos aquellos recuerdos, un torrente que brotaba de las profundidades del tiempo. Aquel tiempo pasado, tiempo perdido pero no olvidado. En el fondo de su mente quedaban aquellos recuerdos de tiempos mejores, de soles dorados y canciones románticas bajo la luna llena.

La emoción le embargaba, un tornado de impotencia sobre un mar de melancolía. Una lágrima brotó de su ojo, rodó por si mejilla y se estrelló sobre la mesa, cerca del anillo. Se le antojó un inmenso mar, que arrancó de su memoria la imagen de un verano en el egeo. El sol resplandecía sobre el horizonte turquesa, convulsionado por las olas. A su lado, yacía una joven de negros cabellos, piel bronceada y pechos turgentes. Abrió sus ojos color esmeralda, su mirada sobre él. Una sonrisa emergió de sus labios, y el se la devolvió.Aquella era Melinda, su prometida, de mirada sensual y felina. Se acercó y le besó con sus dulces labios, un beso que le erizó el pelo de la nuca. El la abrazó, sintiendo la calidez de su cuerpo, su suave piel.

Roy intentó sumergirse en aquel recuerdo, pero fue arrastrado de nuevo a la realidad. Melinda se desvaneció de su abrazo, allí solo quedó aire vacio. Sobre la mesa descansaba su anillo de boda, un circulo de oro sobre la superficie de madera. En él recaían sus recuerdos, su vida. Era un estigma, un puñal en su corazón, el yugo con el que debía cargar su alma. Aquel circulo, la aureola de un eclipse en su vida, de la noche eterna, del olvido.

Arenas de oriente

En la lejanas tierras por donde el sol eleva su abrasadora corona por el horizonte, el viento susurra en las noches de luna menguante mil y una historias. Historias de perdidos diamantes de vida en la inmensidad del desierto, sobre los mares de dunas, de los demonios de erizado aguijón y que repta en la oscuridad, del poder de los imperios antíguos, consumidos por las arenas. Los leones negros se acercan cada noche a escuchar su canto, bajo el colmillo de la luna y las estrellas del cielo, escuchando a veces su regocijo y otras su llanto.

Mehdir

En el horizonte, mas allá de las arenas de Dahyan, dónde en la tierra abre surcos el fuego celestial, hay un hombre, en una humilde casa. Pastor de profesión, su rebaño desapareció una noche, bajo la mirada de las centellas. Mehdir es su nombre, el pastor sin rebaño en las arenas del desierto.
En la soledad de la noche, nada queda sino una pequeña hoguera en el silencio de las dunas. Ante el fuego está Mehdir, implorando el regreso de su rebaño. Sabe que no volverán, pues las arenas son yermas y en ellas solo habita la muerte y su silencio.
Un día decidió coger su cayado y partir hacia el desierto, pues nada quedaba tras de sí. Ascendió entre dunas, con la vista en el horizonte buscando un oasis. Las garras del sol se clavan despiaadamente en la carne, y tras cuarenta días y cuarenta noches, Mehdir se hallaba perdido. En todas direcciones rodeado por dunas y desierto.

Sus ojos estaban cansados, sus piernas enflaquecían. El ayuno arrancaba el fuego de su corazón, y solo quedaban ascuas. Sobrepasó una duna, la última duna, pues ante el un espejo de aguas cristalinas se abría en el yermo desierto, el verde en abundancia y la fresca sombra bajo la que curar las quemaduras.

Amanecer estival II

Miguel sacó de su mochila un libro de finas tapas, cuyo borde se había deshilachado por el uso. Lo abrió, y aunque él seguía en la clase, su mente divagaba por otras cuestiones más profundas, cercanas al corazón. Pronto acabaría el curso, y con el los días de tediosas clases, los exámenes y las notas marcadas en rojo incandescente. Se acabarían las horas de estudio, las funciones polinómicas de las que había que descifrar sus secretos.

No solo eso quedaría atrás. También lo harían los amigos, aunque no le preocupaba demasiado. Normalmente la gente no se interesaba por el, le miraban como a una anomalía, algo que nunca debió estar alli. La mayoría sencillamente pasaba, por lo que se había acostumbrado al resguardo de la soledad. Aun así,había una chica que era diferente. A ella le importaba, y ella también le importaba a él, más de lo que nunca se atrevería a admitir. Se llamaba Carol, y se sentaba unos pupites más adelante. Su pelo dorado, cuyo brillo eclipsaba la luna, era suave y sedoso, ligeramente ondulado. Sus profundos ojos azules, aquellos fragmentos de los mares del sur, de las mareas y su infinito celeste, se habían cobijado en su corazón.

La miró. Estaba allí sentada, junto a la ventana. La brisa jugaba con sus cabellos, que revoloteaban con suavidad. Era hermosa, a sus ojos le parecía un ángel, una criatura de luz cristalina y pura, de rosadas mejillas y piel de marfíl, de majestuosos labios. Era delicada, pero fuerte. No pudo evitar pensar en una rosa, de frágil flor y afiladas espinas. De pronto una ronca voz le despertó de sus ensoñaciones.

- Miguel, atiende-.indicó el profesor.Acto seguido, siguió explicando.-El nihilismo de Nietzsche es...

Carol le miró, le sonrió, y él le devolvió la sonrisa. Sí que la echaría de menos, sobre todo a ella. A los veinte minutos sonó el repiqueteo salvador de la campana, y todos se levantaron de sus pupitres.

Curvas peligrosas II

-¿Cómo que es un trozo de tiempo?-.preguntó incrédulo Ray. Mantenía fija su mirada en el brillo opaco e irisorio de la piedra. ¿Como podía ser aquello tiempo? Nunca había pensado que el tiempo fuese material, mas bien era algo etéreo, impalpable. No podía creer que aquello que descansaba sobre la mesa fuese tiempo.

-Lo es, aunque no suele estar en este estado. Verá, nosotros vivimos inmersos en el tiempo, todo transcurre dentro de él. Su longitud de onda es tán larga que no interfiere en el espacio, al menos no de modo fundamental. Sin embargo, en las regiones donde hay un grán campo gravitatorio se deforma ligeramente. Cuando interfieren otras radiaciones logran cristalizarlo y dan lugar-. Cogió la piedra-. a esto.

-¿Y para qué sirve?-.pregunto Ray. Devonarth le lanzó una mirada asesina, indicando que había acabado la conversación.Ryan se levantó y salió de la sala. Cerró la puerta a sus espaldas, y volvió por los fríos pasillo a la nave. En su bolsillo tenía otro fragmento.
*****

Ray puso en marcha el reactor y activó la antigravedad. La nave se fue elevando en el hangar, cuando una ráfaga de rayos laser zumbó cerca de la nave. Malditos tecnócratas, pensó Ray, Creen que todo el universo es de su propiedad solo porque son hombres de ciencia.Encendió los rotores auxiliares y con un fogonazo se propulsó hacia el espacio.
-¡Mierda!-.gritó Devonarth, pateando los restos de una lata doblada. Aquel cazarrecompensas tenía en su poder un inexplicable fenómeno del cosmos, que seguramente vendería al mejor postor sin importarle el futuro del universo. Debían capturarlo cuanto antes.

Apagó los rotores y marcó las coordenadas del sistema planetario mas cercano. En el monitor aparecían daños en el casco, con toda certeza provocados por los rayos láser. Necesitaba reparar la nave y ver qué podía hacer con aquel fragmento de tiempo. Jugueteó con la piedra, lanzándola verticalmente a unos centímetros sobre su palma abierta, para cogerla y volver a lanzarla. Ante sus ojos, el trozo irisado descendió con una irreal lentitud, demorandose en su caida. Ray pudo ver un destello en su pulida superficie, un brillo de una estrella diminuta.

Se detuvo la piedra, todo se quedó en una sostenida quietud. Ray se dió cuenta que había dejado de respirar,y su corazón dió un vuelco al ver que el tiempo se había detenido. Al menos lo hubiera hecho si estuviese latiendo.
*****

Amanecer estival

                                                                         I
                                                      Ultimo aliento de la primavera

En el verde horizonte de los frondosos árboles, se erguía un intenso cielo azul; un mar surcado por blancas y esponjosas nubes insufladas por el ultimo aliento de la primavera. Las hierbas habían dejado atras su verdor, dando paso al suave manto dorado del verano. Aquel era un pequeño pueblo, bordeado al norte por una extensa y elevada cordillera cuyas cumbres nevadas se fundían en caudalosos ríos. En las faldas del monte se aglomeraban las casas, sus fachadas amarillas, blancas y anaranjadas resplandecían bajo el caluroso sol. Cada casa con su tejado de roja arcilla, en cada tejado una orgullosa chimenea. Las calles eran estrechas, muchas veces de una pronunciada pendiente y serpenteantes recovecos. La cercanía de sus paredes, de las acogedoras puertas de madera, su sencillez, eran reconfortantes. En las calles más estrechas acogía siempre una refrescante sombra al margen del sol abrasador, un refugio del calor, un oasis de aguas cristalinas.

Caminaba hacia la escuela, un edificio de rojos ladrillos en las afueras del pueblo. Entró por la puerta principal, bajo las agujas del gran reloj que marcaba las diez. Los blancos pasillos estaban cubiertos con algunos anuncios de los que colgaban serpentinas con teléfonos, posters de eventos o alguna que otra pintada indiscreta que habían intentado borrar, pero quedaba la sombra de sus colores. El pasillo tenía forma de T, bifurcándose en dos ramas. Al final de la derecha estaba la escalera a la segunda planta, y a mano izquierda las aulas de secundaria. Miguel giró a mano derecha y subió la escalera. Un extenso pasillo, con clases a ambos lados, era la segunda planta. Al fondo habían instalado taquillas para dejar los libros, aunque la gente las usaba para colgar fotos o posters. Entró apresurado en la clase, cerrando la puerta a sus espaldas. El profesor, a media explicación,sin dejar de hablar le dirigió una mirada asesina,y Miguel se sentó.

-Sacad los apuntes de Nietzsche-.ordenó el profesor. Tenía el pelo cano, profundas entradas en la frente y unas gruesas gafas de montura metálica. Su rostro permanecía inmutable; Miguel y sus amigos pensaban que nunca se reía, que debía de ser un robot. Aunque era absurdo, su gesto permanecía inalterado,su voz modulada y su vista perdida en algun punto del infinito.

Curvas peligrosas I

La segunda ley de la termodinámica expresa de manera concisa que la entropía de cualquier sistema termodinámico se incrementa con el tiempo. Esto significa que el universo tiende irremediablemente al caos, aunque se mantiene misteriosamente en equilibrio.¿De dónde proviene este orden?

*****

Ray dirigió la nave haciala estación, observando cuidadosamente los indicadores de velocidad y actividad del motor hiperatómico. Activó el escudo antigravitatorio, otorgándole a la nave un descenso majestuoso a medida que cedía a la gavedad terrestre. Salió de la nave y se internó en la estación. Eran unos hangares fríos y solitarios, revestidos de paredes de acero y cadmio. Era una medida de seguridad en caso de fuga radiactiva, ya que un fallo en los rotores del motor hiperatómico liberarían suficiente radiación gamma como la fisión nuclear no controlada, lo que se conoce comunmente como una bomba atomica.

Atravesó los sórdidos pasillos, acompañado por el repiqueteo de sus pisadas sobre las rejillas metálicas. El avance  tecnólogico puede llegar a ser inhumano, pensó Ray. Aquel ambiente tal vez fuese acogedor para un robot positrónico, pero parecía una desolada carcel para el capitán. Se dirigió hacia  el noroeste, siguiendo su holomapa en tres dimensiones, que conformaba un luminoso esquema con haces azulados. El objetivo se veía como un indicador verde, en forma de esfera semitransparente. Era el despacho de William Devonarth, el Representante de la Confederación Intergaláctica en el distrito Europeo. Llegó al punto indicado, y apagó el mapa, que soltó un leve zumbido. La puerta se abrió, y se encontró ante un escritorio presidido por un hombre de pelo cano y cansados ojos autoritarios. Sus ojos azules estaban bordeados por negras ojeras, surcos de agotamiento y estrés.

- Sientese-.Ordenó Devonarth.-Me gustaría saber si trae consigo lo que le pedí.
-Si-. Ray extrajo de su bolsillo un objeto con suavidad, con ademanes cuidadosos. Era una piedra de brillo irisorio, suave como el terciopelo. La dejó sobre la mesa, en la que se quedó con inusitada quietud. A nuestos ojos, la materia es sólida. Esto fue refutado por el profesor Vandersen en el año 2039, que propuso la teoría electrocinética de las ondas, que afirma que la materia no es más que una onda de elevada frecuencia, y por ello es sólida. Se hicieron hipótesis sobre una onda con frecuencias próximas a 10 elevado a la enesima potencia. Ahora bien, la frecuencia máxima registrada es la del agujero negro, la cual tiene una frecuencia de 10 elevado a 7.  Esto significa que tal material no puede existir en teoría, pues sería tan denso que deformaría el espacio-tiempo cien veces más que un agujero negro. Solo en teoría.

*****
- Sepa usted que este asunto es estrictamente confidencial-.advirtió Devonarth.-La existencia del Plasma protocósmico es un asunto clasificado, y espero por su bien que sepa valorar la discrecíon.
-Por supuesto-. Respondió Ray, con sus ojos fijos en aquella piedra.- Su secreto está seguro conmigo. Pero me gustaría que me explicase más sobre ello, solo para que pueda comprender las razones que llevaron a poner en peligro a toda mi tripulación.
- Esto-. dijo Devonarth.- Es lo que denominan como plasma protocósmico, un cuerpo de entropía negativa. La entropía solo puede acercarse a cero, pero nunca rebasar su límite.  Es teorícamente imposible, asi que como ve, está ante un imposible de la ciencia.
''No solo eso. Estó, querido capitán, es lo que los neometafísicos llaman un fragmento de dios. Como sabe, el universo se compone de cuatro dimensiones: Las tres espaciales, y la temporal. Esta última está muy ligada a los campos gravitatorios, como enunció en la antigüedad Einstein en su teoría de la relatividad. Esto que ha recuperado del núcleo de una estrella Alfa, en la que una supernova y un agujero negro se superponen en equilibrio, es una condensación geodimensional de antimateria. Esto, capitán, es un trozo de tiempo.

Encrucijada de palabras

Lo que no se dice se desliza en el silencio y traspasa el alma, silencioso fantasma que aunque no se pueda ver todos saben que está ahí. Nace en una encrucijada de palabras, un caudal de frases taciturnas y engañosas. La verdad nunca se muestra a plena luz, pues es demasiado sutil para la rudeza de la mirada de la multitud. Unos ojos solitarios son acogidos por el secreto escondido en el silencio, aunque acabe mas tarde renegando y queriendo arrancarse los ojos, pues la imagen queda incrustada en la retina del alma, imborrable. Ninguna mentira puede acabar con ella, ni siquiera la oscuridad permite que se desvanezca.

Es este el asesino de ilusiones, de esperanzas, de la confianza en el destino. Cuando contrapones la imagen que tenías, llena de ingenua esperanza; y aquella que resulta ser verdadera, una solemne y desinteresada confirmación de lo que no quieres ver; entonces las mentiras, los silencios cargados, las palabras huecas, todo acaba por eclipsar la luz de la inocencia. Son estos silencios los que arrasan los corazones de los hombres, los que aniquilan su fe mostrándoles el cadaver de dios, los que borran la huella de los sueños como una furiosa tempestad. Es un viento frío, que corta como una lluvia de cuchillos. Y a este huracán se le llama vida, al menos como parte necesaria de ella.
Pues en el bramido de una encrucijada de palabras vacías, no hay que temer a lo que digan, sino a su silencio.

Cuaderno de viaje XV

En la oscuridad había perdido de nuevo mi rumbo. Fuertes corrientes azotaban mi rostro, incrustando cristales de hielo en mi piel. De nuevo estaba en el camino, solo y herido. El caminar pesaba, cargando a mis espaldas lo correcto, el deber, la moral. Me derrumbé, y entre relámpagos de dolor comprendí. El lastre me anclaba al pasado, al gris infinito de las instantáneas de otro tiempo. Aquello estaba muerto, momificado. De nada servía arrastrarlo esperando que reviviese.

Tiré mi equipaje por una escarpada colina, que desapareció en el hielo. Ahora, sin lastre ni peso que impida el vuelo de mi alma, no tendré que seguir el sendero. Yo hago el sendero, decido mi destino sin el sino de los muertos. Una estrella muerta es un ojo ciego en el firmamento, que nunca podrá guiar en el camino. Sin embargo la luz abrasadora del latir de un corazón ilumina cualquier sombra si se es fiel. Se camina por fuera, mas el rumbo lo define el palpitar del corazón.

Cuaderno de viaje XIV

En la penumbra anduve varios días, hundido el lucero en el lejano horizonte. Mi mente dudaba si había sido un espejismo, ya que nada quedaba del amanecer. Topé con una piedra angulosa, que resultó ser una lápida. Cual fue mi sorpresa al leer lo que en ella estaba escrito: ''Aqui yace una flor que un día amó a la luna.''

En las verdes praderas, germinó un día una flor de azafrán en medio de un rosal. Era pequeña y frágil, y contemplaba a las rosas, sus majestuosos pétalos y la manera despreocupada en la que los mostraban. Se sentía ínfima junto a sus compañeras, y decidió no abrir sus pétalos. Las rosas le dijeron que se abriera, que se mostrara a la suave caricia del sol. Se negó, y pasaron los meses. Poco a poco el verdor de los campos fue palideciendo, y las rosas fueron consumiéndose a su alrededor. Llegó el invierno, que cubrió las tierras con su manto blanco. La flor se sintió sola, y lloró envuelta en la fría nieve. Una noche, asomó la Luna en el cielo y le dedicó una sonrisa a la flor. ''¿Qué te pasa, por qué estas sola?'', le preguntó. ''Mis amigas las rosas eran mas hermosas de lo que nunca seré'',contestó el azafrán,''y no quise florecer''. ''Eres sin duda la flor más hermosa'', le contestó la Luna, acariciándola con sus rayos de plata,''No hay ninguna como tú, y por eso eres especial''. El azafrán, sintiéndose hermoso y único, se propuso florecer, porque amaba a la luna. La escarcha mordió con fuerza sus pétalos, pero no hizo caso.''Yo te amo'', dijo el azafrán, abriendole a la Luna sus pétalos y su corazón, ''por tí floreceré aunque poco dure sobre el yermo páramo''. La Luna le sonrió, y el azafrán mostró sus pétalos a la Luna. El día amaneció, y el azafrán aguardó a la llegada de la noche para ver a su amada. Llegó la noche, y la Luna no apareció. El azafrán aguardó paciente un día, dos días. Pasó una semana y la Luna no aparecía. El azafrán comprendió que la Luna era traicionera, y que tal vez nunca le había amado. Con este pensamiento, el azafrán cedió ante el frío, y se hundió en la nieve.

Aquello arrancó lágrimas de mis ojos, pues cuantas veces se ha repetido esta misma historia. Y cuantas veces más sucederá, cuantas flores mas tendrán que marchitar por los engaños de la Luna.

Cuaderno de viaje XIII

Sin esperar, de pronto encontré un maravilloso jardín ante mí. El verdor de sus colinas de esmeralda, aquellas blancas flores de primavera cuyo aroma llegaba hasta mí en la brisa del amanecer, aquel robusto manzano que proyectaba una reconfortante sombra y resplandecía con su dulce fruto. Quedé deslumbrado. Pensé que quizás había vuelto a mi jardín, pero sabía que no era el mismo. Era aún más hermoso. Avancé y pude ver que el sendero que llevaba hasta él estaba cubierto de penumbra. Las sombras de la duda reinaban en la frontera del paraiso.

Sin embargo, esta vez era diferente. Yo no era el mismo,  ya había derrotado al miedo a lo desconocido antes. Me aventuré en las sombras, creí que no hallaría la entrada al jardín. Perdido en el laberinto, y sin embargo dispuesto a llegar hasta el final. Pronto estuve bajo la sombra del manzano, probando el suave e intenso nectar. Aquella manzana permanecerá siempre en mi recuerdo, el fruto de mi esfuerzo. La recompensa por el valor, y un regalo del Karma. Los colores se cobijaron de nuevo en mi mirada, y el mundo dejó de ser en blanco y negro. La noche cayó, y de nuevo entre sombras me encontré. Esta vez no me doblegaría ante la duda, llegaría hasta el final.

Cuaderno de viaje XII

Caminando por el sendero grís, hallé un precipicio. Negra sima que abría sus fauces bajo mis pies, oscuro castigo. Un frágil puente colgaba sobre el vacío, inseguro. ¿Que debía hacer, arriesgar mi vida o conformarme? Dificil decisión, una vez en marcha no habría vuelta atrás. Olvidé el miedo que intentaba dominarme. Olvidé las consecuencias, y ví qué debía hacer. Puse mis pies sobre las tablas, y crucé con calma. Amenazó con quebrarse, pero seguí con mi caminar.

Pronto me hallé en el otro lado. La luz recobró a mis ojos, y tranquila quedó mi conciencia. Sereno, en el camino me encontré de nuevo. Algo había cambiado por dentro, y aunque tuve que pagar un precio por cruzar no me arrepiento. Quien desafía sus principios es su propio enemigo. El camino se había hecho llevadero, y por primera vez pude ver el amanecer sobre el horizonte

Rosa

Uno de mis antiguos dibujos.

Medio vacío o casi vacío

"Nada acaba como uno desea; siempre, por muy brillante que sea lo que tengas siempre lo perderás. Al final, solo vacío y polvo quedan. Todo el sufrimiento y esfuerzo se vuelca en un vaso vacío y se derrama en el suelo. Se derraman los veranos, las fragantes primaveras, el tiempo que hay de vida. Solo el final acaba con este laberinto en el que creemos poder encontrar la salida. Eso es mentira. Nadie jamás ha escapado del drama de la vida sino con la muerte.

Ya habréis visto que no soy un optimista, ni un soñador, ni un idealista. Pero el que ahora veis hundido y derrotado fue algún día un creyente de la justicia, un fanático del bien, un verdadero idealista.La vida tiene ese efecto en la gente. El velo de la inocencia cae para desvelar los horrores del mundo en el que vivimos. Lo vemos a diario en los periódicos, en los telediarios, pero creemos que es solo una mala película de serie B que no es real. Hasta que te conviertes en protagonista. Entonces es cuando comprendes que estás solo, que nadie te toma en serio. Que tú mismo eres culpable de tu desgracia, que si no hubieras obviado cada telediario, si nadie lo obviase, no estarías solo. Ves que esos apoyos, esas reformas que dicen que llevan a cabo son meras mentiras que nos creemos, hasta que te chocas contra el muro.

Yo era un idealista, mi idealismo ha sido lo que ha guiado mis pasos y me ha condenado. He pasado años en lugares perdidos de la mano de dios, en innumerables campos de batalla luchando por los ideales de mi patria. He matado gente, gente inocente que luchaba por ideales. No puedo olvidar el velo que cubría sus ojos. Solo tras encontrar el fondo de una botella de Jack Daniels puedo dormir en paz. Y, sin embargo, ahora me doy cuenta de lo evidente, cuando mi propia patria me traiciona. No puedo ser un idealista tras lo que he vivido; no puedo obviar mi vida. Han hecho faltas muchas muertes, he perdido la luz de mi vida. Ha tenido que morir la madre de mis hijos para que comprenda. Un atentado terrorista, dijeron. Investigué, y descubrí la amarga verdad. Aquellos a los que llamaba aliados habían asesinado a mi familia por encubrir una operación. No puedo ser idealista despues de todo.

Solo queda atacar a aquellos que me arrebataron mi vida, hacerles pagar con sangre lo que me hicieron. Sufrirán mi venganza."


Extracto del diario de John G. Jones. Encontrado en su habitación, en el 13 de Sunset Street. El sujeto fue un marine al servicio de los Estados Unidos de América, retirado tras años de servicio. Fue galardonado por sus actos heroícos en Djefer con un corazón púrpura. Su esposa, Joseline Jones y su hijo, Thomas Jones, fallecieron el año pasado.

Contenido clasificado

No mires atrás

om subió las escaleras. Era una noche lluviosa, el viento aullaba en la oscuridad. Pudo ver algo por el rabillo del ojo, una escurridiza sombra. Miró el rellano, iluminado por el destello de un relámpago. Allí no había nada, salvo la soledad de la casa. Sin embargo, podía sentir un frío en su espalda, un escalofrío incrustado en su columna vertebral. Entró en su habitación y cerró la puerta.



Aquella casa había pertenecido a unos amigos de sus padres, los Burnside. Una apacible casa en un pueblo del norte de la región, con altos pinos y extensos bosques. Sin embargo, la mujer del señor Burnside enfermó y tuvieron que mudarse. Nadie supo qué fue lo que la enfermó, pero a pesar de los esfuerzos de los médicos por curarla murió al año siguiente. En sus delirios, había hablado de una niña, y susurrando decía que no mirase atrás. Nadie jamás lo entendió. Él creia que solo eran locuras de un moribundo, al igual que los demás. Pero aquella noche había sentido algo. No le dió mucha importancia, tal vez había alguna filtración de aire pues era una caa vieja.



Se tumbó en su cama, encendió la lampara y cogió un libro. Su mente se distrajo, entre página y página, olvidando lo que pasó en la escalera.


De pronto, un ruido distante rompió la quietud de la noche. Era un goteo, el sonido del agua cayendo ritmicamente sobre el fregadero. Tom dejó el libro y salió al lóbrego pasillo. Estaba desierto, y solo se escuchaba el eco del agua goteando. Le recordó a un latido, un latido de depredador. Le dió al interruptor de la luz y se iluminó el pasillo. Guiado por su oido, bajó hasta el baño del piso inferior, comprobando los grifos. Cerró la llave y cesó el ruido. Tom suspiró, aliviado. Se volvió hacia la escalera y se quedó helado. De nuevo, había visto algo moverse a sus espaldas. Esta vez, se parecía a una silueta humana, bastante pequeña. La sombra de una niña.



Se frotó los ojos, y pensó que era una alucinación por no dormir. Volvió a la escalera, y al final estaba una carpeta. Era un documento de un caso policial. Su padre era detective de aquel pequeño pueblo, y archivaba sus casos en casa. Tom lo cogió y miró en su interior. Había una fotocopia de una carta y un parte policial.



"El pasado me persigue, fiel a mi sombra. Puedo verlo en las frías aceras, en los pasillos de la universidad, en los ojos de la gente común que desaparece en la multitud. No paro de preguntarme cómo puede ser tan insistente el recuerdo, reflejos atrapados en el espejo de la memoria. Hoy he visto de nuevo su pelo negro, ondeando en la lejanía. ¿Qué son todos estos espejismos? Aquello fue algo insignificante, y sin embargo acecha tras cada esquina, en cada rincón de mi mente. Algo tan efímero, apenas unos segundos, no llego a entender cómo puede haber marcado mi vida. Lo único que sé es que me persigue, me espera en el umbral de la puerta con su mirada acusadora. No entiendo por qué, no entiendo cómo, pero ahí está. Una presencia en mi espalda. Una sombra en la oscuridad.


No puedo escapar. Me he mudado de casa una docena de veces desde aquello, cada vez más lejos. Y me estaba esperando en cada lugar. Sé que es paciente, y me perseguirá hasta el fin del mundo o hasta el fin de mis días. Ella nunca descansa. Nunca duerme. Siempre ahí, destrozando el color del amanecer. Cegando la luz del día. No lo aguanto más. Tal vez esto sea mi carta de despedida. Ella me espera. Me ha condenado, y nada me salvará sino es el vacío del fin. Hasta donde marca un día de trabajo cualquiera. Cómo oprime un error. Cómo pesa una muerte sobre la conciencia.



Doctor James P. Murphy"






Carta encontrada en el Nº 12 de Marcus Avenue. El sujeto James Phillip Murphy ha sido encontrado colgado de un cinturón, enganchado a una viga del techo. La nota se encontró sobre su cama. Al parecer, hubo un caso de mala praxis con una paciente que sufría cardiopatías graves. La paciente era Mary Anne Burnside, fue ingresada hace tres años. Aunque se trata claramente de un suicidio como indican los forenses, se ha encontrado un rastro de huellas de pies descalzos que entra por el patio trasero y se desvanece en frente de la puerta de la habitación del señor James Murphy. También se menciona de un olor a perfume de mujer en la habitación en los testimonios de los policias que hallaron el cuerpo. A pesar de ello, el caso queda cerrado.



Detective John G. Jones




Tom se quedó helado. Aquel era el caso de sus antiguos inquilinos. Lo que más le chocaba era que la señora Burnside no tenía el pelo negro, era rubia. En su mente empezaron a establecerse relaciones, y subitamente recordó. La silueta llevaba pelo negro. Subió corriendo a su cuarto, entró y cerró la puerta apresuradamente. Se apoyó contra ella, como intentando evitar que algo entrase. Unos pasos rompieron el silencio. Eran pies descalzos, pisadas sordas sobre el suelo de madera. Estaba en el rellano. Para su horror, pudo oir como subían por las escaleras. Un escalón. Otro. Otro más. Tom cerró los ojos con fuerza, deseando despertar. Otro escalón, quedaban siete.



Tom recorrió con sus ojos la habitación, buscando una salida.


Seis.


La ventana estaba muy alta, si intentaba saltar se rompería algo. Miró el armario, la cama y su escritorio, iluminado por la lamparilla.


Cinco.


Su corazón latía muy deprisa, su respiración acelerada era ensordecedora. No podía pensarcon claridad. Solo escuchaba los pasos.


Cuatro.


Sabía que faltaba poco, apenas unos metros y estaría en su puerta.


Tres.


Tom empezó a rezar. No creía en dios, pero tal vez existía.


Dos.


Cerró sus ojos y aguardó el final.


Uno.


Los pasos se acercaron a su puerta, lentamente. Allí estaba. Tom pensó que si debía morir, tal vez era mejor enfrentarse. El latido de su corazón retumbaba en sus oidos. Tomó aire y abrió la puerta.


No había nadie.



Tom suspiró de alivio. Rió ante su miedo, de lo asustado que había estado. Casi se había cagado en los pantalones. No pasaba nada. Un frío golpeó su espalda, y hasta él llegó un perfume de mujer. Tom quedó paralizado. Estaba detrás suya. Su aliento se clavó en su nuca. Se giró lentamente. Vió el armario, el escritorio apareció en su campo de visión. Recordó ( No mires atrás), pero era demasiado tarde. Una chica de pelo negro estaba ante él. Era demasiado tarde.

_____________________________

Los padres de Tom llegaron a su casa. Subieron a su habitación al ver que no obtenían respuesta. La señora Jones gritó. Tom estaba tumbado en el suelo, su rostro descompuesto por el horror. Sin embargo, no llegó a verle. Había gritado porque había visto una sombra por el rabillo del ojo.

La verdad sobre Mr Gunner

I.
No se puede conocer a otra persona si no has pasado por lo mismo que ella. Lo que queda en la superficie es visible para todo aquel que no sea ciego, pero no es la verdad. Alguien dijo alguna vez que un hombre es él y sus circunstancias. Tenía razón. Por ello, para conocer a Mr.Gunner y comprender los motivos que llevan a un hombre común a aterrorizar a la policía de Nueva York y acabar con tres personas, hay que volver la vista atrás, y observar su pasado.
II.
Diario de J. Gunner
10 de octubre de 1929
Hoy las cosas han ido peor que nunca. Los clientes van desapareciendo, y con ellos los ingresos que nos dan de comer a los empleados. En el banco reina una aparente calma, una quietud cristalina en la superficie. Y digo la superficie porque, si alguien se molestase en comprobar los baños descubriría que las ojeras rodean los ojos de aquellos con un contrato temporal. Podría oir llantos cada vez que alguien se desmorona, consciente del futuro que nos aguarda. Al menos tengo a Claire. Ella me apoya en la miseria, es un rayo de esperanza.
[...]
16 de octubre de 1929
Esta tarde han echado a Linda, la secretaria. Ha sido un espectáculo deplorable, ha sido dificil contener las lágrimas. Se ha arrodillado, ha suplicado, ha llorado hasta más no poder. Lo comprendo. Debe de ser muy duro que te echen a la calle en tiempos como estos, en los que los mendigos invaden las calles. Ultimamente, todos somos en mayor o menor medida mendigos. Según pude escuchar al pasar frente al despacho del gerente, tienen que hacer recorte de plantilla para llegar a fin de mes. Con suerte Claire y yo llegaremos a fin de mes, si no me echan.
[...]
III.
20 de octubre de 1929

Me han echado. No han tenido piedad conmigo. Me han llamado al despacho y me han expuesto la situación. Como si no pudiese verla. Joder. ¿Es que creen que soy ciego? Todos los días me cruzo con vagabundos en el metro, les veo deambular como almas en pena. Pero tu no los ves, ¿verdad señor Mercedes-y-chalet-en-miami? Claro que no. Tu vienes todos los días con ese traje de mil dolares, en tu coche exclusivo que conservas. No tienes que hacer sacrificios. No has tenido que empeñar las joyas de tu familia para poder comer, ni has pasado hambre. No sabes lo que es. Me he vuelto a casa, abrumado. No sabía que iba a decirle a Claire. Ella confiaba en mí. 
No ha hecho falta. Cuando he llegado a casa he visto que las luces estaban encendidas. Claire se las habrá dejado encendidas, pensé. Abrí la puerta de la habitación y la encontré allí, a horcajadas sobre otro hombre. Si, señor. Las cosas no pueden ir peor. Cuando le recriminé qué hacia me echó a la calle, acompañado por aquel extraño con el que me pelee. ¿Que tenía que perder? Al final, estoy solo, con veinte pavos en la cartera, con la nariz rota,  y sin trabajo. Y este cuaderno como unico testigo.
[...]
22 de octubre de 1929
Llevo  todo el día sin comer. Por su culpa. Si no fuese por el señor Mercedes-y-chalet-en-miami, seguiría con trabajo. Si no fuese por Claire, seguiría teniendo casa. Son los responsables de mi desgracia. Podría pegarme un tiro,pero serviría para poco. Será mejor que en este mundo injusto comience a impartir justicia. Ya es hora que cada uno tenga lo que se merezca.
[...]
23 de octubre de 1929
Hoy he entrado en el banco. El conserje me ha dejado pasar, pues le he dicho que me había dejado algo importante. Cuando he visto que dudaba, le he amenazado con reportarlo a dirección y me ha dejado. Que asco me dan. He revertido las cuentas y las acciones de miles de clientes a una cuenta fantasma en California. Esto sera suficiente por ahora. Tambien me he tomado la libertad de endeudar a Claire, asi que perderá su hogar. Tendrá lo que merece.Quien me diría que yo sería la mano izquierda de dios.
[...]
24 de octubre de 1929
Ha estallado el caos, como una bomba de relojería. El señor Mercedes-y-chalet-en-miami ha caido desde la ventana de su apartamento esta mañana. Muchos mas se han tirado, lo que parecía un lamentable intento volar de unos desesperados. No he podido evitar sonreir al pensar que han preferido morir a vivir como nosotros, la plebe. Que idiotas. Se creen superiores, a lo mejor también creyeron que tenían alas.
[...]
26 de octubre de 1929
He encontrado a Claire. Estaba en una esquina, con una minifalda y un top. Que puta ha sido siempre. No me ha reconocido, pero yo a ella si. Tambien al extraño que encontré en la cama con ella. Ahora es su chulo. Que bien sienta cuando todos pagan por sus pecados. La policía me busca, pues le dejé un mensaje de despedida al señor Mercedes-y-chalet-en-miami. Piensan que es una venganza de uno de sus empleados. No me cogerán. Yo ya no estoy en aquellas listas. Me encargué de borrarme. Tal vez si acuden a Claire puede que aten cabos, asi que debo eliminar las pruebas.
[...]
IV.

27 de octubre de 1929

He acabado con ellos. No ha sido facil con el tipo, era bastante fuerte. Por suerte no puede esquivar las balas. Que buena inversión, el revolver. Claire decía que nunca lo tendría que usar. Que ironía que haya tenido que estrenarlo con ella. Al fin todo es como debería ser. Me iré a california, donde me esperan muchos millones y una nueva vida. Ha estado bien poner las cosas en su sitio. Ahora me toca desaparecer. Asi que no me busquen. No me van a encontrar, inspectores. El revolver no tiene huella alguna, y verán que no existe nadie llamado Joseph Gunner. Es una lastima. Deberían agradecerme que haya hecho su trabajo.
Atentamente,
Joseph Gunner
Prueba policial 31b del caso 299345.D del distrito H de Nueva York. Caso cerrado. No hay ningun civil con el nombre de Joseph Gunner y no se han encontrado huellas.
Detective John G. Jones

Cuaderno de viaje XI

El sudor frío recorre mi sien, y mis ojos se abren a la luz de la realidad. Atrás quedan las garras de la pesadilla, el tacto del fuego, humo de ceniza. La sangre hierve en mis venas, anudada mi garganta por el dolor. Se desvanece en un murmullo el sueño, se funde en la neblina del pensamiento. Allí yace mi cuerpo, en suave lecho abstracto de color.

Lo que se sabe olvidado aún reside en la memoria, surje del fondo del mar de recuerdos fugaz cual cometa. Tengo fe en algún dia encontrar aquello que olvidé; saber querer aquello que ahora tengo, antes de que el tiempo consuma mis huesos. Mientras solo queda vagar por yermos páramos, viajando por el tiempo en la odisea de la memoria, esperando que las piezas encajen y se unan, recobrando el sentido mis pasos y la espera.

Cuaderno de viaje X

Amarga soledad, licor destilado de los recuerdos. No pesan los recuerdos,ya que no hay momentos que recordar. Lo que pudo ser nunca fue, lo que ha sido es tortuoso camino de invierno; vacía niebla, aliento gélido de lo invisible y colmillos de luna. La luna, colmillo de plata que desgarra al peregrino del oscuro camino.

¿Que queda por andar?¿Se mueven acaso mis pies, o solo cambia el traicionero paisaje? Truncados mis ojos, ensordece mis oidos el aullido del viento, depredador ávido de sangre. Solo vine, y solo debo viajar. Apenas soy un destello en los eones del universo, una mota de polvo en el infinito. Verde jardín ví en la lejanía, mas frías eran sus flores. El fruto era ácido, el arbol tenía espinas. Tal vez he de evitar los prados, renunciar a lo que he buscado por tanto tiempo. Tullido, el fuego en mi mano lame la hierba. Arde el campo, llamas que arrancan el verde de la pradera. Llueve polvo y ceniza, y consume el fuego también mi alma a través de mis ojos.

Cuaderno de viaje IX

Mar nebuloso de voluptuoso engaño; falsas apariencias, máscaras en susurros de lenguas viperinas. Cruel es la mano que guía mis pasos, al abismo lleva este camino. Fruto dorado, dulce recompensa creí; mas su nectar teñido de rojo y veneno me condenó.

Cuanto más desciendo, mas dudo de que tenga fin la profundidad del infierno.Valientes palabras me mantienen firme por fuera, mientras mi alma se desmorona por dentro. Tener que empuñar la daga quema mi mano, llora mi corazón y se abren antiguas heridas. Ahora en el otro lado estoy, miro el espejo de la realidad y no se qué soy. Victima o verdugo, angel o demonio. En momentos como este, es dificil saber si algo de luz queda en mí. El deber y la moral se contradicen, dos caras de la misma moneda. La vida brota de la muerte, y de la vida nace la muerte, ambiguo sendero el de la vida. Tarde o temprano, todo llega a su fin, mas no este camino; no todavía. Profundo es el abismo, y largos los días.

Historia de un naúfrago.

Quizás nadie lea nunca estas palabras, puede que el mar las borre como huellas en la arena. Aun así, escribo porque quiero creer que alguien las encontrará algún día, y estas páginas no caerán en la noche del olvido.

Mi nombre no importa, como tampoco importa mi persona. Solo importan estas palabras y la historia que guardan, una perla en las profundidades del mar, un oasis de agua cristalina en el infinito desierto. Yo era un viajero, un buscador que no sabe qué busca, solo busca encontrar. Mi afan de lo nuevo, de llegar al horizonte, me arrebató aquello que tuve y no sabía que tenía. Surqué las aguas del mar, recorrí las ciudades mas lejanas pobladas de extrañas gentes, atravesé los glaciares de cristal congelado en la eternidad, navegué las dunas bajo el susurro del desierto. Vi mas de lo que ningún hombre vió, viajé hasta los confines del vasto mundo. Por mas que viajaba no se saciaba mi alma. Algo buscaba, algo quería, algo anhelaba.

La brújula giraba a la deriva, el rumbo cambiaba con las nubes. En un laberinto de emociones, de confusíon, corría como si no hubiera mañana. Atrás dejaba mi vida mientras la buscaba, se escapaba el tiempo entre mis dedos. Ahora sé que la distancia al buscar es infinita, que no se puede llegar avanzando al horizonte; con cada paso que das, te alejas de él. Correr es inutil, pues ya estás en el horizonte, no hay nada que buscar.    

Otoño

Llegó al calendario el otoño,
cayeron en el olvido sus hojas.
Se marchitó el amor de las rosas
bajo la sombra del madroño.

Arrancó la brisa del reloj las horas,
furtivas volaron tras la ventana.
En un rincón, mil palabras vanas;
en el cajón, nostalgia del ayer.

Se marchó en las alas de la mañana
el tiempo pasado para no volver.
Al final, vivir, ganar, morir, perder;
el ciclo se cierra, no queda nada.

Guion película ''Aula 13''

Aquí os dejo el enlace del guión, para que os lo descargueís quien esté interesado en participar.
https://www.safecreative.org/work/1003095721286

Cuaderno de viaje VIII

Descienden las montañas hasta las entrañas más profundas, clavan sus garras en las tumbas de los que nunca lo intentaron.Vagarán sus almas en penitencia por sus miedos sobre la tierra. Lamentos emergen de recuerdos. el dolor que sienten nunca será aplacado. Se ahogan en remordimientos, maldicen su cobardía.

Quebranta su llanto las almas viajeras por tortuosos senderos, destrozan su esperanza contra la piedra del temor. Estrella guía es la fe en el desierto, sobre sus dunas silva el viento del ocaso. La cordura amenaza lo desconocido, el peligro de no saber. Atravesarlo no se puede sin firmeza, fuerte corazón en defendida fortaleza. No sé como saber si esto dejé atrás; solo sé que no sabía cómo regresar.

Cuaderno de viaje VII

En el corazon de la montaña, de correr exhausto me detuve. A mis oidos llegaron voces, cántico homogeneo. A nadie veía, mas las voces no cesaban. En la cueva me adentré, en sus profundo laberinto nadie había. Solo incesante eco redoblaba su sonido, viajaba en el tiempo su mensaje.

En la lejanía vi extensas manadas, vagando en la llanura bajo el mando del eco. A estas criaturas me acerqué, y en su faz distinguíase su rostro. Extrañas bestias con rasgos humanos pensé. ''¿Que sois?'', pregunté. Monótona respuesta recibí, ''Hombres somos, la tradición de nuestros antepasados seguimos por los siglos venideros, al igual que nuestras generaciones pasadas''. Así contestaron el rebaño de gente, a sus costumbres encadenada. Embotado su criterio, no mas inteligentes que un animal, les dejé atrás. De aquel sinsentido me alejé, raudo en el caminar.

Cuaderno de viaje VI

Llegué a un desfiladero, donde el camino moría. De cruzar no vi forma, solo abismo profundo bajo mis pies. Clavó en mí su vacía mirada, y arrancó algo de mis pupilas su oscuridad. Mi rumbo cambié, sin saber que me había extirpado, y aun así echaba algo en falta. Nuevo camino encontré, a las entrañas ocultas de la tierra descendía. Sin hallar otra vía, descendí por la reptante escalera.

En sus entrañas, las llamas consumían el túnel. Flotaba la ceniza de ascuas encendida, y sangraba la montaña el fuego que mi carne quemaba con su lengua abrasadora. Inflamó mis venas su cólera, y corrí en el ardor del infierno, dejando atrás ríos de inflamada ira.

Cuaderno de viaje V

El polvo dejaba sobre mis pasos su estela. Me encontraba al borde de mi resistencia, bajo las nubes que me hacían desfallecer. Monótono se tornó el viaje, no había belleza que reconfortara mi alma en aquel lugar. Mis versos marchitaban en la oscuridad de mi corazón, raquíticos y quebrados.

Mis ojos empañados por el barro , miraban sin ver. En la lejanía, un oasis latente de vida brillaba.
Como naufrago que ve un faro de esperanza, acudí a la carrera a su llamada. Deslumbrante belleza de verde y rojo, arcoiris de aromas delicados. Frutos maduros de nectar dorado, dulce caramelo. Iluminó una sonrisa en mi rostro, y avancé a un nuevo jardín. Mas me detuve, pues por negro valle estaba cercado. La incertidumbre cayó sobre mí cual ave rapaz, y mi determnación asesinó. Busqué maneras para el abismo rodear y retornar a mi hogar, mas en vano fué. A mi pesar, media vuelta tuve que dar, para nunca mas regresar.

Cuaderno de viaje IV

Los dias se sucedían incesantes. La única certeza era el camino, que ante mí se alargaba sin fin. Se fragmentaba mi esperanza de encontrar de nuevo mi edén, las dudas taladraban mi pensar. Quizá solo hubiera sendero infinito, y el final fuese truncada ilusión.

Tropecé en mi caminar, y ante mí se extendió una mano salvadora. La tomé con agradecimiento, mis palabras la gratitud que sentía no podían expresar. Me levanté, y sentí de pronto dos colmillos sobre mi piel, su traicionero veneno inyectaron. Desconcertado miré a quien me había ayudado, y solo una serpiente hallé. Seguí mi pesaroso caminar, sin mirar atrás. Profunda herida sobre mi mano dolía, dos surcos de carmesí marcados.

Cuaderno de viaje III

Allí, en el duro suelo, me quedé mientras mi vida se fugaba a través de mis ojos. Arrancó la luz de mi mirada el gris horizonte, y olvido el color. Vagué sin rumbo, cegado en aquel desierto sin sentido. La nieve no tardó en sepultar las piedras con su frío, silbando su cortante hielo en el viento. Anduve bajo las ventiscas, sin sentir ya mi cuerpo. La sangre huía de mi cuerpo helado, intentando refugiarse. Me dormía lentamente, una losa pesaba sobre mis huesos. No me detuve, por miedo a no volver a levantar, de no volver a despertar.

Hebras de escarcha me encadenaban al camino, ataduras que llegaban a mi alma. No podía continuar, no quería continuar. Los recuerdos eran mi martirio, el camino mi sentencia. Aferraban mis dedos la cabeza, intentando soportar el peso mas allá de mi calavera. Continuar no podía con la tortura, y dejé que la mordedura del hielo abrasara mi piel. Ante mi sorpresa, cuando creí que llegaba el final, el frío retrocedió arañando el cielo.

Cuaderno de viaje II

Ante el afilado sendero me encontré, abandonado por el brillo del sol. Las rocas arrancaban la fuerza de mis huesos, la lluvia caía afilada sobre mí. Inundado por el halo gris del final, de la nada, de la absurda indiferencia. Mis ojos buscaron el camino de vuelta a aquel paraiso, solo quería retornar a mi hogar. Miré atrás, y solo hallé vacío, un vacío que anidaría en mi alma por largo tiempo. Resignado, empecé mi viaje por aquel pedregoso sendero que ardía bajo mis pies descalzos.

A mi paso solo encontraba ruinas derruidas de grava y cemento, difuminadas en el monotono horizonte. Eran esqueletos descarnados por el ferréo tiempo, tumbas del pasado calladas para el resto de sus dias. Nada florecería en aquel lugar, incluso la luz moría asesinado por el aire viciado.
Mis pulmones se asfixiaban, anhelando un soplo vibrante de vida. Mi alma magullada por las rocas del camino ansiaba reposo, sangraba mi corazón por la profunda herida de aquel amor que nunca tuve. Caí al suelo, me desplomé sobre aquella perdida carretera, un fantasma errante en el océano de sombras.

Cuaderno de viaje I

Lejos quedan los dias en los que la caricia del sol acogía mis dias en su brillo, nutriendo el color de mis versos con su fulgor. Aquellas tardes de anaranjado verano, cuando el horizonte se sonrojaba con poemas de amor y los dorados campos se extendían. Cuan valiosos fueron aquellos dias, el mayor tesoro al que un hombre puede aspirar.Mi alma ascendía por los rayos de luna en las sosegadas noches, acompañado por la brisa que se volvería cristalino rocío al amanecer, sembrando las flores de diminutos diamantes.

Todo eso se desvanece en mi memoria, ya apenas recuerdo el rojo aroma de las rosas de primavera. El murmuro de los puros ríos de plata azul que envolvían las blancas piedras, perlas del camino bañadas por su frescura. Todo esto quedó atrás, y su dulzura se ha transformado en amarga nostalgia en el frío desierto que ahora recorro. Fue una aciaga manzana, del rojo mas profundo del corazón, la que me exilió de mi hogar. Nunca mas volveré, eso lo se. Ante mí, el vasto horizonte engullirá mis pasos.

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