Los dias se sucedían incesantes. La única certeza era el camino, que ante mí se alargaba sin fin. Se fragmentaba mi esperanza de encontrar de nuevo mi edén, las dudas taladraban mi pensar. Quizá solo hubiera sendero infinito, y el final fuese truncada ilusión.
Tropecé en mi caminar, y ante mí se extendió una mano salvadora. La tomé con agradecimiento, mis palabras la gratitud que sentía no podían expresar. Me levanté, y sentí de pronto dos colmillos sobre mi piel, su traicionero veneno inyectaron. Desconcertado miré a quien me había ayudado, y solo una serpiente hallé. Seguí mi pesaroso caminar, sin mirar atrás. Profunda herida sobre mi mano dolía, dos surcos de carmesí marcados.
Cuaderno de viaje IV
Publicado por
Juanma MC
jueves, 11 de febrero de 2010
0 comentarios:
Publicar un comentario