Llegué a un desfiladero, donde el camino moría. De cruzar no vi forma, solo abismo profundo bajo mis pies. Clavó en mí su vacía mirada, y arrancó algo de mis pupilas su oscuridad. Mi rumbo cambié, sin saber que me había extirpado, y aun así echaba algo en falta. Nuevo camino encontré, a las entrañas ocultas de la tierra descendía. Sin hallar otra vía, descendí por la reptante escalera.
En sus entrañas, las llamas consumían el túnel. Flotaba la ceniza de ascuas encendida, y sangraba la montaña el fuego que mi carne quemaba con su lengua abrasadora. Inflamó mis venas su cólera, y corrí en el ardor del infierno, dejando atrás ríos de inflamada ira.
Cuaderno de viaje VI
Publicado por
Juanma MC
jueves, 11 de febrero de 2010
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