Ante el afilado sendero me encontré, abandonado por el brillo del sol. Las rocas arrancaban la fuerza de mis huesos, la lluvia caía afilada sobre mí. Inundado por el halo gris del final, de la nada, de la absurda indiferencia. Mis ojos buscaron el camino de vuelta a aquel paraiso, solo quería retornar a mi hogar. Miré atrás, y solo hallé vacío, un vacío que anidaría en mi alma por largo tiempo. Resignado, empecé mi viaje por aquel pedregoso sendero que ardía bajo mis pies descalzos.
A mi paso solo encontraba ruinas derruidas de grava y cemento, difuminadas en el monotono horizonte. Eran esqueletos descarnados por el ferréo tiempo, tumbas del pasado calladas para el resto de sus dias. Nada florecería en aquel lugar, incluso la luz moría asesinado por el aire viciado.
Mis pulmones se asfixiaban, anhelando un soplo vibrante de vida. Mi alma magullada por las rocas del camino ansiaba reposo, sangraba mi corazón por la profunda herida de aquel amor que nunca tuve. Caí al suelo, me desplomé sobre aquella perdida carretera, un fantasma errante en el océano de sombras.
Cuaderno de viaje II
Publicado por
Juanma MC
miércoles, 10 de febrero de 2010
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