Cuaderno de viaje VII

En el corazon de la montaña, de correr exhausto me detuve. A mis oidos llegaron voces, cántico homogeneo. A nadie veía, mas las voces no cesaban. En la cueva me adentré, en sus profundo laberinto nadie había. Solo incesante eco redoblaba su sonido, viajaba en el tiempo su mensaje.

En la lejanía vi extensas manadas, vagando en la llanura bajo el mando del eco. A estas criaturas me acerqué, y en su faz distinguíase su rostro. Extrañas bestias con rasgos humanos pensé. ''¿Que sois?'', pregunté. Monótona respuesta recibí, ''Hombres somos, la tradición de nuestros antepasados seguimos por los siglos venideros, al igual que nuestras generaciones pasadas''. Así contestaron el rebaño de gente, a sus costumbres encadenada. Embotado su criterio, no mas inteligentes que un animal, les dejé atrás. De aquel sinsentido me alejé, raudo en el caminar.

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