Allí, en el duro suelo, me quedé mientras mi vida se fugaba a través de mis ojos. Arrancó la luz de mi mirada el gris horizonte, y olvido el color. Vagué sin rumbo, cegado en aquel desierto sin sentido. La nieve no tardó en sepultar las piedras con su frío, silbando su cortante hielo en el viento. Anduve bajo las ventiscas, sin sentir ya mi cuerpo. La sangre huía de mi cuerpo helado, intentando refugiarse. Me dormía lentamente, una losa pesaba sobre mis huesos. No me detuve, por miedo a no volver a levantar, de no volver a despertar.
Hebras de escarcha me encadenaban al camino, ataduras que llegaban a mi alma. No podía continuar, no quería continuar. Los recuerdos eran mi martirio, el camino mi sentencia. Aferraban mis dedos la cabeza, intentando soportar el peso mas allá de mi calavera. Continuar no podía con la tortura, y dejé que la mordedura del hielo abrasara mi piel. Ante mi sorpresa, cuando creí que llegaba el final, el frío retrocedió arañando el cielo.
Cuaderno de viaje III
Publicado por
Juanma MC
miércoles, 10 de febrero de 2010
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