Cuaderno de viaje I

Lejos quedan los dias en los que la caricia del sol acogía mis dias en su brillo, nutriendo el color de mis versos con su fulgor. Aquellas tardes de anaranjado verano, cuando el horizonte se sonrojaba con poemas de amor y los dorados campos se extendían. Cuan valiosos fueron aquellos dias, el mayor tesoro al que un hombre puede aspirar.Mi alma ascendía por los rayos de luna en las sosegadas noches, acompañado por la brisa que se volvería cristalino rocío al amanecer, sembrando las flores de diminutos diamantes.

Todo eso se desvanece en mi memoria, ya apenas recuerdo el rojo aroma de las rosas de primavera. El murmuro de los puros ríos de plata azul que envolvían las blancas piedras, perlas del camino bañadas por su frescura. Todo esto quedó atrás, y su dulzura se ha transformado en amarga nostalgia en el frío desierto que ahora recorro. Fue una aciaga manzana, del rojo mas profundo del corazón, la que me exilió de mi hogar. Nunca mas volveré, eso lo se. Ante mí, el vasto horizonte engullirá mis pasos.

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