Salio a las bullentes calles de la ciudad, que se extendían en forma de red sobre la metropoli. Miles de personas, ajenas a todo aquello que no apareciera en la pantalla de sus móviles o saliese de sus auriculares, avanzaban en aquel frenesí de gente caminando con prisa en todas direcciones. Alguien que nunca hubiese visitado una ciudad antes podría pensar que sucedía algo, pero aquello era la rutina de las seis de la tarde, hora en la que las reuniones de la tarde, los centros comerciales y otras cosas eran lo más importante, la prioridad de los habitantes de Dannestone.
Roy descendió a las profundidades del metro.Las paredes estaban hechas de grandes azulejos deslustrados, con manchas negras y marcas de suciedad. En el recodo del pasillo que daba al andén, un hombre cuyas ropas estaban en mal estado arrancaba una solitaria melodía de su guitarra. A sus pies había dejado una gorra, igual de destrozada que su atuendo, en la que apenas yacían unas monedas, círculos de plata sobre el fondo negro de la gorra. Roy pasó de largo, como muchos otros. Aquel hombre era un fantasma en aquella metropoli, una melodía ya olvidada que dejaba su eco en los túneles del metro.
Entró en el vagón, un cubículo de metal pintado de blanco hueso, una mecánica serpiente subterránea que recorría incansable bajo los miles de edificios de cristal y acero el mismo trayecto, cargado en sus entrañas de gente aislada, que aún rodeada por la multitud estaba sola. Eso era algo que aprendías al poco de vivir en Dannestone. La multitud era una marea de gente ajena, en la que te veías rodeado día a día. No eran personas, eran algo diferente, una enorm entidad compuesta de miles de partes que bullían.
Circulos II
Publicado por
Juanma MC
sábado, 31 de julio de 2010
0 comentarios:
Publicar un comentario