Circulos

Roy miró el anillo, un dorado círculo sobre la mesa. El sol arrancaba destellos, que dejaban sobre la mesa una aureola alrededor suyo. No pudo evitar que en su mente entraran todos aquellos recuerdos, un torrente que brotaba de las profundidades del tiempo. Aquel tiempo pasado, tiempo perdido pero no olvidado. En el fondo de su mente quedaban aquellos recuerdos de tiempos mejores, de soles dorados y canciones románticas bajo la luna llena.

La emoción le embargaba, un tornado de impotencia sobre un mar de melancolía. Una lágrima brotó de su ojo, rodó por si mejilla y se estrelló sobre la mesa, cerca del anillo. Se le antojó un inmenso mar, que arrancó de su memoria la imagen de un verano en el egeo. El sol resplandecía sobre el horizonte turquesa, convulsionado por las olas. A su lado, yacía una joven de negros cabellos, piel bronceada y pechos turgentes. Abrió sus ojos color esmeralda, su mirada sobre él. Una sonrisa emergió de sus labios, y el se la devolvió.Aquella era Melinda, su prometida, de mirada sensual y felina. Se acercó y le besó con sus dulces labios, un beso que le erizó el pelo de la nuca. El la abrazó, sintiendo la calidez de su cuerpo, su suave piel.

Roy intentó sumergirse en aquel recuerdo, pero fue arrastrado de nuevo a la realidad. Melinda se desvaneció de su abrazo, allí solo quedó aire vacio. Sobre la mesa descansaba su anillo de boda, un circulo de oro sobre la superficie de madera. En él recaían sus recuerdos, su vida. Era un estigma, un puñal en su corazón, el yugo con el que debía cargar su alma. Aquel circulo, la aureola de un eclipse en su vida, de la noche eterna, del olvido.

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