Cuaderno de viaje XII

Caminando por el sendero grís, hallé un precipicio. Negra sima que abría sus fauces bajo mis pies, oscuro castigo. Un frágil puente colgaba sobre el vacío, inseguro. ¿Que debía hacer, arriesgar mi vida o conformarme? Dificil decisión, una vez en marcha no habría vuelta atrás. Olvidé el miedo que intentaba dominarme. Olvidé las consecuencias, y ví qué debía hacer. Puse mis pies sobre las tablas, y crucé con calma. Amenazó con quebrarse, pero seguí con mi caminar.

Pronto me hallé en el otro lado. La luz recobró a mis ojos, y tranquila quedó mi conciencia. Sereno, en el camino me encontré de nuevo. Algo había cambiado por dentro, y aunque tuve que pagar un precio por cruzar no me arrepiento. Quien desafía sus principios es su propio enemigo. El camino se había hecho llevadero, y por primera vez pude ver el amanecer sobre el horizonte

1 comentarios:

Lourdes 28 de mayo de 2010 a las 4:06  

Casi siempre el mejor camino no es el más fácil, pero mientras se pasa..... eso no te lo quita nadie...

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