Sin esperar, de pronto encontré un maravilloso jardín ante mí. El verdor de sus colinas de esmeralda, aquellas blancas flores de primavera cuyo aroma llegaba hasta mí en la brisa del amanecer, aquel robusto manzano que proyectaba una reconfortante sombra y resplandecía con su dulce fruto. Quedé deslumbrado. Pensé que quizás había vuelto a mi jardín, pero sabía que no era el mismo. Era aún más hermoso. Avancé y pude ver que el sendero que llevaba hasta él estaba cubierto de penumbra. Las sombras de la duda reinaban en la frontera del paraiso.
Sin embargo, esta vez era diferente. Yo no era el mismo, ya había derrotado al miedo a lo desconocido antes. Me aventuré en las sombras, creí que no hallaría la entrada al jardín. Perdido en el laberinto, y sin embargo dispuesto a llegar hasta el final. Pronto estuve bajo la sombra del manzano, probando el suave e intenso nectar. Aquella manzana permanecerá siempre en mi recuerdo, el fruto de mi esfuerzo. La recompensa por el valor, y un regalo del Karma. Los colores se cobijaron de nuevo en mi mirada, y el mundo dejó de ser en blanco y negro. La noche cayó, y de nuevo entre sombras me encontré. Esta vez no me doblegaría ante la duda, llegaría hasta el final.
Cuaderno de viaje XIII
Publicado por
Juanma MC
domingo, 16 de mayo de 2010
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