-¿Cómo que es un trozo de tiempo?-.preguntó incrédulo Ray. Mantenía fija su mirada en el brillo opaco e irisorio de la piedra. ¿Como podía ser aquello tiempo? Nunca había pensado que el tiempo fuese material, mas bien era algo etéreo, impalpable. No podía creer que aquello que descansaba sobre la mesa fuese tiempo.
-Lo es, aunque no suele estar en este estado. Verá, nosotros vivimos inmersos en el tiempo, todo transcurre dentro de él. Su longitud de onda es tán larga que no interfiere en el espacio, al menos no de modo fundamental. Sin embargo, en las regiones donde hay un grán campo gravitatorio se deforma ligeramente. Cuando interfieren otras radiaciones logran cristalizarlo y dan lugar-. Cogió la piedra-. a esto.
-¿Y para qué sirve?-.pregunto Ray. Devonarth le lanzó una mirada asesina, indicando que había acabado la conversación.Ryan se levantó y salió de la sala. Cerró la puerta a sus espaldas, y volvió por los fríos pasillo a la nave. En su bolsillo tenía otro fragmento.
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Ray puso en marcha el reactor y activó la antigravedad. La nave se fue elevando en el hangar, cuando una ráfaga de rayos laser zumbó cerca de la nave. Malditos tecnócratas, pensó Ray, Creen que todo el universo es de su propiedad solo porque son hombres de ciencia.Encendió los rotores auxiliares y con un fogonazo se propulsó hacia el espacio.
-¡Mierda!-.gritó Devonarth, pateando los restos de una lata doblada. Aquel cazarrecompensas tenía en su poder un inexplicable fenómeno del cosmos, que seguramente vendería al mejor postor sin importarle el futuro del universo. Debían capturarlo cuanto antes.
Apagó los rotores y marcó las coordenadas del sistema planetario mas cercano. En el monitor aparecían daños en el casco, con toda certeza provocados por los rayos láser. Necesitaba reparar la nave y ver qué podía hacer con aquel fragmento de tiempo. Jugueteó con la piedra, lanzándola verticalmente a unos centímetros sobre su palma abierta, para cogerla y volver a lanzarla. Ante sus ojos, el trozo irisado descendió con una irreal lentitud, demorandose en su caida. Ray pudo ver un destello en su pulida superficie, un brillo de una estrella diminuta.
Se detuvo la piedra, todo se quedó en una sostenida quietud. Ray se dió cuenta que había dejado de respirar,y su corazón dió un vuelco al ver que el tiempo se había detenido. Al menos lo hubiera hecho si estuviese latiendo.
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Curvas peligrosas II
Publicado por
Juanma MC
viernes, 4 de junio de 2010
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